La Cámara de Cuentas, que nació medio huérfana al descubrirse que el que iba a ser su primer Consejero Mayor no declaraba Hacienda, y que luego ha dado muchas pruebas de su “flexibilidad” –y no me tiren de la lengua–, acaba de superarse a sí misma eliminando del Informe sobre los ERE y las prejubilaciones falsas, las alusiones que hubieran complicado en su trama, con seguridad, tanto a Griñán como a Chaves. Algunos no pedimos siquiera que se exija lealtad a ese organismo expletivo, sino que lo supriman para evitar duplicidades con el Tribunal de Cuentas del Reino. Mientras tanto, nadie espera neutralidad y menos independencia en estos privilegiados dedos que pertenecen a la mano de la mayoría parlamentaria.

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