No he escatimado aquí críticas y hasta varas a la Cámara de Cuentas, ese órgano de extracción parlamentaria y, inconsecuencia, inevitablemente suspecto de partidario o connivente con el Poder. Pero hay que reconocer –al margen de las imprevisibles explosiones de Cabrera Bazán, su anterior presidente—que la Cámara, aún desprovista de capacidad coercitiva, está contribuyendo a lo grande a dejar en evidencia el festín del “régimen”. Lo último ha sido el abuso de las empresas públicas, otro gran secreto de Pochinela, que debería acabar en los tribunales pero ya verán como no pasa de contados periódicos. Si esto no la absuelve al completo, desde luego le restituye una respetabilidad imprescindible.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.