Dice el refrán que el pescado comienza a pudrirse por la cabeza y, ciertamente, por desgracia, nuestro régimen político constitucional parece empeñado en confirmar el adagio. Fíjense -a propósito de la forzada huida de Esperanza Aguirre- cómo va el ranking del régimen de las autonomías: ha habido y hay en él que registrar, más allá de la absolución de Demetrio Madrid, cuatro casos de Presidentes autonómicos encarcelados (Navarra, Baleares, Madrid y Aragón) y sentados o por sentar en los banquillos todo el clan de Pujol, dos Presidentes andaluces (Chaves y Griñán), uno valenciano (Camps) y el reciente de Murcia. ¿No son demasiados Presidentes judiciables para diecisiete autonomías? Parece inaplazable plantear a fondo esta grave situación agiotista que, como se ve, no se sabe si empieza o termina por la cabeza.

 

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