Golpe de mano, declaración de guerra. Ésas y no otras fueron las expresiones con que los jerifaltes comunistas andaluces reaccionaron ante la exitosa maniobra de Llamazares que concluyó con la destitución de los clásicos representantes andaluces en la dirección de ese partido de partidillos. La cosa no es para perder el sueño, seguramente, pero pone de relieve que la coalición está viviendo una crisis acaso terminal de la que no se salvan ya ni los mascarones de proa. IU es víctima de un PSOE a cuyas puertas lleva llamando con los nudillos desde hace varias legislaturas pero también de su propia intriga interna y, en cualquier caso, esta purga al viejo estilo deshace sin remedio el averiado sueño que fue IU-CA. Claro que la debacle culmina ahora, porque lo que se dice empezar, empezó cuando se fue excluyendo del proyecto el aliento anguitiano. En IU ha campado desde hace mucho tiempo el “principio de Peter”. Ahora sólo está tocando fondo. 

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