Buena herencia –¡y sin impuesto confiscatorio!– la recibida por la Junta del Gobierno anterior en lo que respecta al empleo. La región se aleja más tras mes del famoso millón de parados y eso, evidentemente, no obedece a la diligencia y buen hacer de la autonomía por la misma razón que no eran culpa suya -según ella misma– las antiguas subidas del paro. El innegable éxito relativo de la política laboral del adversario está funcionando silenciosamente como máximo activo de un “régimen” tan abrumado por la corrupión como desacreditado por su forma de gestionar. Un contrasentido más de la políticas que bien merecería el reconocimiento que, por descontado, nadie espera.

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