Hay un gran negocio funcionando en Internet alrededor del desnudo femenino. No me refiero a los ‘sitios’ porno (‘soft’ o ‘hard’), sino a esas galerías nudistas basadas en la idea de que el ideal del cuerpo femenino que gestiona la industria mediática no es “real”, razón por la que es necesario y conveniente prestarle cámara a la mujer “normal”, es decir, a la que queda fuera del estereotipo marcado por la moda, para que contribuya con su exhibición a reformar la mirada masculina (en fin, o la que sea) de modo y manera que aquel ideal se “humanice” en la medida en que se aleje de la inalcanzable singularidad. Hay “sitios” de estos que publican diariamente varios álbumes repletos de fotos de “streapers” voluntarias, cuya presencia no se explica, evidentemente, al menos de modo exclusivo, por la posibilidad concursal de agenciarse 500 dólares si son elegidas ganadoras por el público usuario. No se ponen de acuerdo los psicólogos que tercian en el negocio sobre si la motivación última de esas mujeres puede ser la transgresión por sí misma, el narcisismo o la recompensa económica, pero la verdad es que, una vez más, se nos plantea ese curioso tema que es la pulsión exhibicionista de la hembra frente a la cual el varón, domado o silvestre, suele mostrarse más púdico. ¿Por qué la mujer tiende a mostrar su cuerpo, qué puede justificar que no haya iniciativa de la moda favorable al desnudo que no sea abrazada con entusiasmo por el sexo que nuestros padres llamaban “débil”? Cuando el gran Rémy de Gourmont sostuvo que el pudor sexual constituía un progreso respecto del exhibicionismo de los primates, la verdad es que no anduvo muy fino. Mucho más lo estuvo Gautier, creo yo, cuando decía, poco más o menos pero con pleno acierto, que el pudor es una invención moderna y cristiana. En la medida en que la sociedad se seculariza y el postmodernismo se impone, se abre la veda que favorece aquella pulsión exhibitoria que misteriosamente diferencia a los dos sexos enfrentados.

En cuanto al negocio que da pie a estas líneas, no habrá que resaltar la astucia industrial que ha convencido a muchas mujeres de que el tipo idealizado que deslumbra inasequible en la pasarela no es propiamente cosa de este mundo, sino apenas una ilusión fugaz en el desfile o fijada en el papel cuché. Lo cual no hubiera sido posible si en la mujer no alentara íntimamente ese ‘élan’ que la lleva a “enseñarse” cuando puede, quizá no tanto con intención seductora como obedeciendo a un impulso que los fundamentalistas achacarán a la famosa “condición femenina” pero que se me ocurre que puede que no sea sino la réplica correspondiente al reto dialéctico planteado por el deseo masculino. ¿Para quién exhibe una mujer su cuerpo? Bajo esa cuestión subyace acaso el más grave arsenal psicológico de la historia de la especie.

19 Comentarios

  1. Hemos leído y celebrado la estupenda columna que esperemos que nos libre de la invasión de bronquistas (¿o era un solo bronquista) que ayer cayó sobre el Casino. Hoy no se habla de tiranos ni de hipocresía, ¿contentos? y el resultado es una columna inteligente, dicho sea con el ruego al Abate de que nos considere cobistas. El tema –la tendencia gfemenina a la exhibición del cuerpo– tiene dcotrina detrás que jagm conoce seguro, pero está tratado con libertad y simpatía, simplemente planteándolo y dejándolo ahí expuesto a las opiniones. Que el cielo nos depare un día sereno.

  2. Eran dos y con las neuronas bien puestas. No como tú, aduleta cobardón de pacotilla. Lo de ayer tenía que haberse quedado en ayer. Sólo los mediocres resentidos hurgan en la herida.

  3. No sé se este invasor será un reventador o simplemente un simple, pero lo cierto es que molestar, molesta: si ése es su gusto, pues, siga, continúe que aquí, a diferencia de muchos otros lugares, se le consiente.

    Difícil asunto el que plantea la columna, difícil e inquietante. ¿Es verdad la hipótesis de partida, la propensión femenina a la exhibición? Pues todo indica que sí, aunque los varones tengan, por su parte, sus propias pulsiones, como es natural. El cuerpo, prohibido por ciertas morales (y no sólo por la cristiana, como está a la vista), no se resigna a su clausura. Pero lo que me inquieta es la cuestión planteada por ja: ¿para quién exhiben las mujeres su cuerpo? Hoy debería ser un día movido en este casino donde las féminas con la cabeza bien puesta no escasean.

  4. Ese Narval es un mendrugo. Sólo se le entiende lo que no interesa. Hoy, lo reconozco, me ha quitado las ganas de comentar. A lo mejor vuelvo luego, cuando se me pase la náusea.

  5. D. Mendo, Heródoto, Prof, Rap, Marción, ..en definitiva Sr. Multiusos, serénese que luego le sube la tensión. Esos insultitos despechados ya sabe por dónde se los puede meter que ya hace tiempo que lo calé y conozco lo que da de sí el mal fondo del que está hecho. Puede estar tranquilo de que lo voy a dejar bien tranquilo, pero ya sabe que lo veo, en este y en otros casinos; sus manipulaciones conmigo no le han valido ni le valdrán. Como me vuelva a tocar las entretelas sabrá lo que hago con la capa de Luis Candelas. Queda avisado.

  6. Ja: mi firme protesta por su inhibición ante esta invasión de groseros. Entiendo que si berrean en el blog es porque les molesta, y si les molesta debe de ser por intereses más que por ideas. Pero ya me dirán quién es ese último reventador que se atribuye la omnisciencia. Creáme, ja, algunos de nuestros amigos se retiran del Casino ante la permisividad con que consiente a esta turba campar en él por sus respetos. Admito que, en efecto, se trate de un Sr. Multiusos, probablemente en nómina, que se siente amenazado por la crítica, por CUALQUIER crítica. Me da igual. No es lógico darle posada a quien sólo pretende entorpecer una amigable conversación.

  7. Me ha interesadfo muchísimo, me ha hecho pensar el tema y, sinceramente, no soy capaz de contestar a la afilada pregunta de jag. ¿Por qué las mujeres gustas de mostrar sus encantos? Es posible que por autoestima, pero ese mismo sentimiento supone tras el la expectativa ajena. No se preocuparía nadie de su aspecto si no supiera que hay alguien fuera, enfremte diría yo, mirándolo, valorándolo, DESEÁNDOLO. Entonces ¿mostrar el cuerpo equivale a tentar? Creo que por ahí van los tiros de quien no necesita para nada demostrar que no tiene un pelo de xenófobo, sino más bienm todo lo contrario… Esta columna es de las que me encantan, don ja. Insista en contarnos, como hoy, sus preocupaciones propias, íntimas, siempre más interesantes, al menos para mí, que las muy justificadas precoupacioens que usted y muchos de nosotros tenemos por los problemas del mundo.

  8. De la misa ni la mitad, como casi siempre Sr. Pangloss. ¿Cree usted que quiero compartir posada con una panda de cotorras adulonas que sólo gustan de reirle las gracias al mayor incongruente del reino? Amos, no tengo nada mejor que hacer. Sólo he pasado por aquí y me he detenido más de la cuenta ante las provocaciones de alguno de ustedes. Conversen o pataleen todo lo que gusten, que iluminen al resto tan excelsas figuras.

  9. Vuelo por segunda vez hoy, asqueado esta mañana de lo que, por desgracia, ha continuado durante todo el día, sospecho que a cargo del mismo ingenio. No quería dejer sin ocmentario una columna que me ha interesado más en la medida en que hace tiempo que ando rondando el tema, inquieto como al autor hoy por lo que a mí me parece una evidencia, aunque, igual que doña Clara, no sepa a qué atenerme sobre la motivación última de ese impulso femenino. ¿Por qué gustan de mostrar su cuerpo las hembras? Hay cosas tan fáciles de entender como difíciles de explicar. Pero me parece que, en el fondo, todos (y todas, como dirían los bibianos) imaginamos claro el fondo de la cuestión.

  10. Lo que debería de rondar es como se puede hacer un comentario tan machista y tan misógeno. La inquietud deberá tenerla las mujer que pulule por su vera. Vaya tela.

  11. No sé, habría que ver qué pasaba si dejáramos de ser las TENTADORAS…. La verdad es que ya las mujeres podemos casi ir en cueros y no pasa nada (Que se den una vuelta los incrédulos por los colegios y me lo cuentan) Pero seguimos siendo las tentadoras. Quizas sea algo muy biológico, si es que entienden lo que les quiero decir: el hombre, para que funcione, tiene que ser tentado.Uff! Ustedes perdonen mis explicacioes: creo que don José Antonio lo dijo mejor, más corto y con más guasa:”¿Para quién exhibe una mujer su cuerpo? Bajo esa cuestión subyace acaso el más grave arsenal psicológico de la historia de la especie.”

    Besos a casi todos.

  12. Doña Eva, desconocida en el casino según creo, acaba de aprotar el inevitable comentario “de género” que desde esta mañana me estaba temiendo. Lamento de veras que un tema antropológico, porque no es otra cosa, haya dado lugar a los desvaríos de hoy.

  13. No saben cuánto lamento que la columna haya sido tan mal entendida. A no ser que ya esa claque lo que pretenda sea precisamente impedir el entendimiento. Por mi parte, la leo en clave sencilla y encuentro en ella un tema interesante donde los haya, para el que no hay respuestas, al menos fáciles. Hoy día parece que se desarrolla poco a poco el exhibiciuonismo masculino, pero entiendo que estamos aún a años luz del que practica la mujer cuando puede. Y digo cuando pueden, porque ya ven la suerte que corren las que en el mundo islámico, por ejemplo, lo intentan desde Irán a la India. Yo también, como madame Sicard, me quedo con la última frase.

  14. A D. Eleuterio se le olvida que precisamente una de las ramas de la antropología es la Antropología de Género. No hay que tenerle miedo a la palabreja a no ser que la cerrazón ideológica nos lo impida señor mío. Seguro que sabe qué es lo que se parece más a un tonto de izquierdas, a que sí.

  15. ¿A partir de ciertas edades también? Tal vez sí, en forma de costosas estolas, piedrolas y trapitos que lucía una modeluki cuarenta años más joven. En vez de piel, muestran poderío.

    Por otra parte los mocetones ya también se impacientan por ver llegar el momento en que quitarse la camiseta, aunque sea con el pretexto de mostrar el tatu.

    ¿Estamos o no en una sociedad hipersexualizada?

  16. Casi me muero de risa con lo dela “antropología de género” que nos cuenta doña Eva. Qué risa, de verdad. A lo mejor ella ve diferencias de criterio entre una R. Benedict y un Lévi-Strauss. Y es que, en efecto, nada se parece más a un tonto de izuqireda que un tonto de derechas, ni a un machista idiota que una hembrista profesional.

  17. ¿Etnólogo? ja, ja, ja. ¿No será enólogo y de los malos, de los que apuran la botella hasta el final? Descanse abuelo, ya ha soltado bastante mala leche por hoy.

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