Con motivo del Día Mundial de la lucha contra el Sida reproducíamos aquí algunas realidades relativas a la situación de la enfermedad en el mundo enteramente ajenas a la retórica oficial. Por ejemplo que uno de cada diez sudafricanos ha contraído ya la enfermedad, ni que decir tiene que distribuida por las capas sociales inferiores; que en sólo un semestre los organismos internacionales registraron nada menos que cinco millones de nuevas infecciones y tres millones de víctimas mortales de un virus que afecta ya, como portadoras, a cuarenta millones de personas (veinte de ellos en África), y a causa del cual fallecen diariamente cinco mil de esos afectados. Una convención de expertos nos sacó de la ilusión de la lejanía, en todo caso, al desvelar que la estadística oficial maquilla la realidad de la epidemia en Andalucía, donde los contagiados alcanzarían las mayores cifras de esta terrible crónica tervigersada por el optimismo político. Y por supuesto, la negativa de la farmaindustria a liberar las patentes y a autorizar la fabricación de genéricos al alcance de la miserable muchedumbre incapaz hoy por hoy de pagarse el remedio, en África y fuera de África. Ahora es la ONU la que denuncia la intolerable situación a que han dado lugar los intereses creados de paso que anuncia una extensión auténticamente tenebrosa “en cada esquina del planeta”, es decir, la definitiva globalización de una pandemia cuya condición apocalíptica no ha conseguido siquiera conmover a los poderes públicos más que a los fácticos. Ocho de cada diez enfermos de Sida no tienen acceso a los caros fármacos antirretrovirales pero hay algo peor, y es que no podemos saber el alcance real del mal, dado que un elevadísimo número de afectados jamás se han sometido a las pruebas pertinentes. El Apocalipsis se olvidó de este jinete, por lo visto, ante cuya cabalgada Dios permanece callado, de momento, aguardando a que Ratzinger le pregunte, como acaba de hacer en Auschwitz por las razones de su silencio.

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Recordaba en la ocasión anterior la idea de Sartori sobre el “impulso suicida” de la Humanidad y venía a añadir por mi cuenta que tendría más sentido, en este caso, hablar de “impulso asesino”, ya que la catástrofe provocada por la difusión del VIH ha sido, en realidad, aceptada, tolerada, consentida y lo que queramos por todos los poderes de la Tierra, políticos, económicos o religiosos. Recientemente hemos conocido una providencia vaticana que resultaría hilarante si no fuera despreciable: la venia para que el cónyuge legítimo utilice condón cuando tenga constancia de que el otro cónyuge padece ya la enfermedad. ¡El cónyuge legítimo! ¡Medio mundo muriéndose a chorros en medio de la miseria y la ignorancia, y los moralistas recomendando la abstinencia como el único remedio lícito! Vamos aviados entre integristas tridentinos y políticos manchesterianos, entre célibes castradores y mercaderes sin fronteras, entre la plaga atroz de la incultura y el desdén de los poderes por cuanto les resulta ajeno. Calla el buen Dios en las alturas, entre tanto, se arrastra humillada la humanidad doliente ante una indiferencia que no es fácil de entender teniendo en cuenta al alcance de la larga mano del SIDA. No sé cuántos jefes de Estado y una legión de ministros se reúnen estos días en Nueva York torno a Kofi Anan. Ya verán qué buenas palabras, verán cuánto propósito de enmienda, acaso lleguen a entrever, incluso, algún dolor de corazón. De lo que no han de escuchar ni palabra es de la penitencia. Después de todo bien sabemos que ese Dios que guarda silencio ante la desdicha castiga sin palo ni piedra. Teresa de Calcuta llegó a decir que el Sida no era más que “el justo castigo para una conducta sexual incorrecta” y Dios tampoco replicó nada en tan tremenda ocasión. Nada tan misterioso como el autismo divino. El de los hombres, acá abajo, tiene su propia teología política.

13 Comentarios

  1. “la venia para que el cónyuge legítimo utilice condón cuando tenga constancia de que el otro cónyuge padece ya la enfermedad.”
    Esto viene a decir que los adúlteros y los fornicadores si pueden usarlo, o sea, que los que son castigados sin palo ni piedra son los justos.

    “En diciembre del año 2000, precisamente en la víspera del día internacional contra el sida el obispo de Mexico condena el uso del preservativo y declara que el contagio es cosa de Dios”
    http://groups.google.com/group/esp.charla.religion/tree/browse_frm/month/2000-12?_done=%2Fgroup%2Fesp.charla.religion%2Fbrowse_frm%2Fmonth%2F2000-12%3F&

    O Dios no es infinitamente justo o anda un poco despistado

  2. La Iglesia tendrá la culpa que ustedes quieran pero ¿qué me dicen del Poder civil, tanto del democrático como del dictatorial? La tragedia del SIDA es un baldón para el integrismo vaticano pero también una prueba de que el sistema capitalista puede llegar incluso a ser suicida con tal de no ceder lo básico.

  3. La frase de Teresa de Calcuta, una pobre ignorante fascinbada por Lady Di, es casi nada si se la compara con las cosas que han dicho desde el propio Papa difunto a los obispos en general. Esa es una actitud de lesa humanidad, por descontado, pero lleva razón este Censor cuando apunta a quien no debe escudarse en responsabilidad ajena para garantizar la salud de todos, es decir, el Estado.

  4. Griyo hace malabares pero no convence esta vez. El primer comentario carece de base, el segundo (el de los obispos) lo compartimos todos, y la apostilla irónica sobre Dios no pasa de ser pólvora en salvas ateas. Uno espera siempre más de Griyo,, vaya por Dios.

  5. Yo no estaría tan seguro, doña Amanita, porque el capitalismo, como ya se dijo antes, es suicida cuando llega el caso. Sus aventuras históricas lo demuestran, y esta tragedia actual lo confirma.

  6. Soy un ateo convencido y varias veces lo he manifestado en éste foro con todo respeto.

    Si Dios existe y es como Vds. creen no dudo en que perdonará a los ateos de buena voluntad.

  7. No se dejan atrás a la ONU, esa inutilidad que cuando llega el caso de romper el bloqueo de Irak (programa Petróleo por Alimentos) se dedica a mangar por sobrino interpuesto. La ONU puede «legitimar» la guerra, es decir, la muerte de millares de personas, pero no tiene fuerza para lograr que los emrcaderes de la salud cedan parte de sus beneficios. ¿Qué tendrá la Farmaindustria que no lo tosen ni los Gobiernos?

  8. El silencio de Dios, pase, pero ¿y el silencio de los hombres? Incluso desde la lógica providencialista, que no comparto, cabría decir que el hombre ha hecho y dejado de hacer todo lo posible para que esa «prueba» que, imaginariamente, le hubiera puesto la divinidad, se resolviera del peor modo.

  9. Si ocho de cada diez enfermos carece de medios para conseguir los fármacos indicados, teniendo en cuenta la velocidad de propagación de la epidemia, ¿no estaremos ante un problema sin solución, incluso en el supuesto de que los poderes públicos decidan alguna vez intervenir a favor de la Humanidad? Los datos que da (y hace bien en darlos y en repetirlos) son para no dormir. Me pregunto cómo duerme esa gente que tiene en su mano meter en cintura a los «suicidas» –de moemnto, simples homicidas por omisión– y no lo hace.

  10. Hermano Griyo, «ego te absolvo», pero solo «sub conditione»: la definitiva está exclusivamente en las manos de Dios que, lleva usted razón, es misericordioso y probablemente menos vindicativo de lo que imagina el candor. De todas maneras, le diré que me parece a amí que las cosas no son tan sencillas, como plantea. Yo veo más equilibrio en la forma de criticar –dura, implacable tantas veces– de jagm, que aplica el tizón sin melindres pero de una manera curiosamente respetuosa. En fin, cada uno tiene su estilo, pero ya sabe que Buffon decía que el estilo es el hombre.

  11. No estoy tan seguro de que se trate de una batalla como de un incidente –uno más en la historia humana– en que la horda dominante permanece ajena a la tragedia de ajena que no le concierne, o cree ella que no le concierne, porque en este caso vamos a comprobar, tal vez, algún día, cuando ya no tenga remedio, el error que suponía tal creencia. Si me gusta seguir los razonamientos de gm es porque hay en ellos una dosis inusual de objetividad que ve con perspectiva adecuada y sabe identificar en lo que él llama el Sistema la causa de lo bueno y de lo malo que sucede al hombre. Los hombres se comportan ante el sida igual que los chimpancés de los que partió: con absoluta inconsciencia. No hay que culpar sólo a los negociantes, ni siquiera a los políticos, sino a unas sociedades incapaces de entender que el pelirgo de una pandemia afecta a todos.

  12. Tiene bastante razón el Sr. Excéntrico y también el Sr. Cura, cuya absolución acepto humildemente.

    Observen que la gripe aviar, que todavía no ha llegado a los humanos, ha levantado muchos más temores y recursos que el SIDA que ya ha producido millones de muertos y los seguirá produciendo, seguramente, para siempre.
    ¿Por qué? Muy sencillo: El SIDA primero atacaba solo a los homosexuales “como yo no soy homesexual…”, después se extendió a las personas de conducta desordenada “como yo soy monógamo… o célibe…” y entretanto la investigación avanzó lo suficiente para que los contagiados de los países ricos puedan llevar una vida “casi normal” y lo demás ¿A quien le importa?

    En cambio, la gripe del pollo no solo no se sabe a quien puede alcanzar sino que gobiernos y multinacionales han alimentado el terror porque en la venta de antivirales, que ni siquiera son eficaces para las gripes conocidas, hay mucho negocio que es lo que importa.

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