La aparición en carne mortal de la baronesa Thyssen en el Paseo del Prado ha supuesto algo así como la resurrección de la energía cívica, abismada en la penumbra cataléptica desde hace demasiado tiempo. Nos faltan líderes, qué duda cabe, o si lo prefieren dicho de otra manera, está claro que la capacidad de liderato de nuestra clase política cae muy por debajo del que puede ejercerse, por activa o por pasiva, desde la sociedad civil. Nadie compra una camiseta con la empalagosa sonrisa de ZP sino ilustrada con las paletas de Ronaldinho, ni loca se congregaría un sábado a media mañana bajo los castaños de Indias madrileños para escuchar a un político la muchedumbre novelera que lo ha hecho para consagrar sacerdotisa del ecologismo a una baronesa sobrevenida vestida con pantalón pirata y sandalias Chanel, heroína de la noche a la mañana de este país machorro y edípico que no se echa abajo de la cama hasta que resuena en su puerta la bronca de una Manuela Malasaña o una Agustina de Aragón. Fíjense que contra la tala masiva de árboles añejos decretada por Gallardón estaba ya Esperanza Aguirre, con todo su poder, pero ha sido preciso para remover el cotarro que apareciera en escena la baronesa dando saltitos y acompañando con sus palmadas los eslóganes de este ecologismo urbanita. Su éxito rotundo supone, a mi parecer, un descalabro fenomenal de la democracia, y algo que cae, en definitiva, mucho más cerca de Aristófanes que de Sócrates porque que viene a confirmar la severa crisis de credibilidad que atraviesa nuestra vida pública. Lo que le faltaba a la democracia española era escapar del telediario para recalar en “Salsa Rosa”. Y ahí la tenemos ya.

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La trifulca alrededor del árbol es una constante en este país cuya capital tiene un madroño en el blasón. Hay una vieja leyenda que, la verdad es que sin saber muy lo que dice, el “hombre Googel” que nos abruma atribuye indistintamente a Tácito, a Estrabón o a Plinio el Viejo, y que viene a simbolizar la destrucción del bosque español con la imagen de la ardilla que podría viajar desde el Pirineo a Gibraltar sin necesidad de pisar el suelo. Los viejos “arbitristas” que equiparaban el daño de la deforestación a los causados por el vagabundeo, el desprecio de los oficios, las ‘manos muertas’ o la vasta clerecía, habrían de ver prolongada su queja en la voz de los diversos regeneracionismos y hasta en el lamento fascista de Primo de Rivera, el ‘Fundador’, concordes todos en que el supremo mal de España –el “mal de piedra” que denunció uno de ellos—era nuestra aversión a los árboles, ese incontenible instinto arboricida que estos días nadie representa mejor que el alcalde de Madrid mandando destoconar el viejo “salón” romántico de la Villa y Corte o el de Sevilla llevando el sainete hasta el punto de avalar con su firma el propio manifiesto de protesta vecinal. La baronesa ha sabido escoger bien el momento para irrumpir en la vida pública, pero esta vez no bajando con plumas y bajo los focos por la escalera del revistón, sino disfrazada, aunque sea con sus atributos más pijos, con el uniforme del espíritu cívico. ¿Por qué se arremolina para aplaudir a la baronesa la multitud que no se detendría un instante siquiera para escuchar a la ministra Narbona? Ésa creo yo que es la lección política nada tranquilizadora que deben estudiar atentamente estos próceres desprestigiados que no sólo talan sin despeinarse el bosque centenario sino que han propiciado la irrupción de un liderato tan glamouroso como insolvente. No nos faltaba más que entregar nuestro futuro político a la ‘ex’ de Espartaco Santoni y ya lo estamos haciendo. Decía hace poco una minerva que España tiene mala suerte. Pues es probable, pero lo que es seguro es que, salvados los salvables, tiene unos políticos de los que mejor no hablar.

10 Comentarios

  1. Si “la ex de Spartaco Santoni” tiene criterios y actitudes válidos, importa un carajo tal condición de ex. Y si “la ex de Spartaco Santoni” tiene criterios y actitudes que no valen, sigue sin importar tal condición de ex. En resumidas cuentas, la zumba despectiva de “la ex de Spartaco Santoni” está de más y hasta pudiera tener su pelín de machismo y de elitismo.

  2. Yo estoy con los árboles aunque haya que apoyarse en la baronesa.

    El Sr. Gallardón se ha vuelto loco, creo yo. Cuando estaban a punto de echarlo del partido lo llamaron para encabezar la lista de Madrid y se ha creído que es Dios.

    Yo no creo que Dios exista, pero si existe, desde luego no es Gallardón.

  3. Es tremendo que la ex de Espartaco Santoni deba arreglarnos los asuntos políticos. Yo también lo digo, sr. Moralejo. Quien escribe elige sus figuras y el lector (usted mismo) la reacción, de acuerdo. Pero hay veces en que se ve a la legua la malevolencia. Porque no me diga que en esta columna no ha visot nada mejor que esa imagen, por cierto más que significativa. Los árboles son muy importantes pero como deban depender de puñeteristas como usted, van areglados.

  4. Muy estimado señor Marción: no sabe cuánto siento haber intervenido puñeteristamente y le ruego que me tenga por dolido y arrepentido de haberle molestado con mi puñeterismo.

  5. Que no es eso, hombre. Lo que dice gm, y es muy interesante, es que la política anda tan postrada como para que una figura de la presna rosa ocupe el lugar que debería ocupar la representación legítima del pueblo. Está muy bien cualquier reivindicación siempre que sea razpnable, y ésta lo es. Pero el problema es otro: que la acción políitca deba acristalizar alrededor de la baronesa, en efecto, “ex” de Santoni como luego de ese barón plutócrata que heredó de sus mayores tantos dineros no ajenos a la tragedia nazi. Lo que faltaba, en efecto, es que esa indocumentada haga y deshaga en el plan museístico nacional. Más grave es aún, a pesar de todo, que la gente le haga caso mientras passsssssa olímpicamente de políticas de todo género.

  6. Ruedo ibérico, circo sin remedio. Ese espectáculo del Prado –que ví personalmente– resulta lamentable y un poco ruborizante para los demócratas, efectivamente. La de Alba injuria a los campesinos y la Thyssen se postula como luminaria ecologista y, de paso, como mecenas máxima del arte español. ¿Saben ustedes cuántos millones y en qué condiciones le largó Solana cuando era ministro de Cultura a esos Thyssen? ¿Saben a cuánto les ha salido a los españoles que no tienen acceso al Museo famoso cada entrada al mismo? ¿Se han parado a pensar lo que supone que para que se movilice Madrid haya de ir por delante esa ilustre salsera rosa?

  7. Hoy se ha desaprovechado un tema intersante. La fe que ayer mostraba hacia el bloguismo nuestro jagm no se justifica hoy. Una pena, porque lo que dice, puñeterías aparte, resulta de gran interés. Pondría algún ejemplo de mi experiencia, pero tal como anda hoy el patio judicial, mejor cerrar la boca.

  8. Menos mal que hay datos como la sentencia de hoy, que nos reafirman en la confianza de vivir en una sociedad libre y una democracia, herida, lo que quieran, pero en pie aún. No, no tiene sentido que la iniciativa política “suene” porque la mueva la baronesa y “ex”. Lleva razón gm en protestar. Hay gente que prefiere atenerse al menudillo, y también está en su derecho, qué caramba.
    PD. Como pseudónimo vergonzante me pregunto si Jua. J. Moralejo es nombre o también pseudónimo. Pura curiosidad, oigan, no vayan a pensar nada raro.

  9. Curioso: la baronesa se inquieta por el daño que el tráfico podría hacer a “su” colección. ¿Y el Museo del Prado, y el Reina Sofía, y el Casón? Curioso, ni una palabra. Puede que la gran señora (pfff) crea que cuadros no más que unos, los suyos. No me extrañaría. ¿ustedes recuedan al barón? Lleva razón, jefe, ¡donde hemos llegado!

  10. Muy estimado Pseudónimo Vergonzante: satisfago su curiosidad y le digo que soy un Etimónimo (supongo que se dirá así) Vergonzoso.
    También a mí me jode, y mucho, que tenga que ser esa señora la que plante cara a su manera e interés a lo que amenazan los políticos, pero también pudiera ocurrirme que espere algo más de alguna gente de la farándula que de políticos como Acebes, Zaplana, Pepiño Blanco, Carod, Ibarreche … En fin, prometo no exhibir más mi puñeterismo. Cordialmente JJM

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