Al tiempo que nos enteramos de las cifras escandalosas que perciben y seguirán percibiendo, en plena crisis, ex-ministros como Almunia o Magdalena Álvarez –valgan como ejemplos al azar–, se extiende la especie de que ZP encuentra insalvables problemas para muñir su imprescindible crisis de Gobierno. Nadie con nivel alto y capacidad probada quiere ser ministro, por lo visto, a pesar de que ése ha sido siempre el sueño hispano y de que, hoy por hoy, la experiencia demuestre que serlo produce indefectiblemente enormes beneficios. Boyer ha contestado de muy mala manera a la cuestión, sin ir más lejos, ni que decir tiene que desde la altura que las circunstancias le permiten, pero también se han negado otros profesionales de fuste que hace poco no le hacían ascos al alto cargo, de modo que se va abriendo paso el criterio de que ser ministro ha dejado de ser una meta o una ambición porque hace ya tiempo que el descrédito ha hecho presa en la alta política hasta llegar al actual Gobierno, considerado, casi sin excepción, el peor de que haya memoria. Siempre hubo diferencias entre los ministros y sus capacidades, pero ¿cómo imaginar a Javier Solana par de Bibiana Aído o a Solchaga haciendo de Dómine Cabra de un ZP ignaro que, encima, no disimula su pulsión autocrática? Por lo demás, hay que tener en cuenta que todos los ministrables prestigiosos en que se ha pensado como remiendo de emergencia con objeto de apuntalar a un Gobierno en ruinas, son hoy ya millonarios y ejercen sus funciones en puestos de gran peso, incluso político, y de pingües retribuciones. La experiencia de ZP ha logrado degradar la alta política –para la que ya no se requiere ni experiencia ni nivel académico alguno—hasta el punto de liquidar la vieja fantasía que envalentonaba a los opositores y hacía soñar a las madres. Hoy es ministro cualquiera, parece ser la opinión más generalizada incluso entre aquellos a los que se les ofrece la oportunidad de serlo.

 

Hay que admitir que la postmodernidad ha encumbrado a muchos profesionales por encima del gálibo político, como lo probaría, de ser cierto, que al menos un cantante y una actriz le han rechazado ya a ZP la deseada cartera que éste les ofrecía en busca de glamour. Pero en todo caso, no me digan que no resulta revolucionaria esta mudanza psíquica que ha provocado semejante desprestigio. El viejo Chamfort decía que si los monos tuvieran el talento del loro serían ministros excelentes. Más de un loro, a la vista de lo que hay, protestaría seguramente.

3 Comentarios

  1. Entiendo que un país en el que resulta indeseable ser ministro es un país en crisis profunda. Pero la clave está en eso que dice de que los posibles «refuerzos» que se busca, topdos felipistas del viejo tiempo, son ya ricos, millonarios dice gm. No hace falta poner nombres. Yo creo, sinceramente, que lo que Boyer dijo fue poco respetuoso pero lógico.

  2. Interesa precisar. Lo que dijo Boyer fue que «si siguen bajando los salarios, al Gobierno sólo llegarán analfabetos». A ver cómo lo contradice el pajín-bibianismo.

  3. Divertidísimo, ….y tragicómico. Es la patata calda, nadie la quiere porque sabe que nada podrí hacer y que medrará más quedándose donde está.
    De pena….
    Un beso a todos.

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