La obsesión por “hacer caja” ha llevado al presidente Griñán a liquidar por rebajas el patrimonio de la Junta de Andalucía. Primero anunció la venta, por debajo del precio de mercado, de las fincas en su día transferidas a la autonomía desde el ICONA y destinadas al absurdo proyecto de Reforma Agraria. Y luego anuncia la venta en masa a grupos especuladores, de los inmuebles propiedad de la Administración autónoma que constituyen sus propias sedes, con la intención de alquilárselos a continuación a los mismos compradores. Volvemos sobre nuestros pasos, pues, ya que desde hace decenios el problema ha sido liberar a la Junta de la insostenible sangría de los alquileres, sin contar con que pocas dudas caben sobre lo ruinoso de la operación en estos momentos críticos. La Junta vende hasta la camisa después de haber despilfarrado hasta los calzoncillos.

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