Un eterno dirigente agrario, a quien siempre respeté con admiración, que encima ha disfrutado durante años de un lugar relevante en la Junta como paladín del ecologismo, y que lleva desde el 12 de febrero en lo que él llama “huelga de hambre itinerante” recorriendo Andalucía “de Puente Gení(l) a Lucena, de Loja a Benamejí”, ha declarado que, aunque “administrativamente jubilado” y con su vida resuelta –¡con la que está cayendo!—, se siente uncido a su compromiso social y a la defensa de la dignidad humana. Con tantos días sin ingerir alimento cuesta creer en este milagro de la voluntad, pero sobre todo nos enfrenta al teatro de las huelgas de hambre entre las que es forzoso recordar la que le costó el puesto al presidente Escuredo y la (diz que tramposa) que organizó De Juana Chaos en el hospital, puestos sean los ejemplo sin ánimo de comparar. Me he acordado del cura Diamantino y de aquellos tiempos difíciles en que la lucha obrera prescindía de alardes a la hora de reivindicar derechos y enfatizar la dignidad, con Diamantino de emblema recogiendo espárragos en Francia incluso cuando ya no podía con su alma porque el cáncer lo devoraba, y no he podido evitar la comparación con estos circos ambulantes en los que algunos buscan prolongar un protagonismo que tal vez nunca existió. Paco Casero ha bregado lo suyo para fomentar el cultivo compatible con la Naturaleza, es cierto, pero precisamente por esto, cuesta ahora imaginarlo en su bululú como el mago que separa la cabeza del tronco de su compañera o el Houdini que escapa de sus ligaduras. Hablando en plata: en una democracia, por imperfecta que ésta sea, sobran los héroes heracleos luciendo desde la barraca el músculo moral. Casero, coma o ayune, se ha equivocado de era con su espectáculo ambulante.

 

Al campo se le ha juntado la desdicha de su desplazamiento competitivo en el actual modelo social con la que supone el empeño de sus líderes en mantener una filosofía pedestre y arcaica que, por otra parte y por descontado, casi nadie toma ya en serio. No cuadran ya en Andalucía ni el martiriologio ni los Salvocheas con el queso añejo en el zurrón. Casero en es un personaje anacrónico que tendrá que buscarse con afán sus propios auditorios mientras en Bruselas nos redactan el catecismo obligatorio. Un día cualquiera la huelga cesará sin mayores consecuencias y al ayunante le quedará tan sólo un suelto en los periódicos.

3 Comentarios

  1. Me contaba un amigo, marino mercante felizmente casado con una señora centroamericana desde hace casi cuarenta años, que en su país conyugal el gerente de United Fruits mandaba tanto o más que el presidente de esa nación.

    Por eso a uno se le produce una cierta ternura cuando alguien te cuenta que tiene un pequeño huerto ‘ecológico’. A falta de bichos en un inexistente corral, han de comprar el estiércol en unos supuestos proveedores de la moderna industria hípica. Me dicen que allí ese estiércol lo multiplican por tres o por cuatro añadiendo paja natural, agua y sacos de fertilizante artificial.

    Eso debe saberlo Pato Tasero como lo sabemos muchos. Sin embargo nadie puede negarle una cierta honestidad que para sí la quisiera el mafioso portavoz de algún sindicato híperprocubano. (Fui compañero de su hermano mayor en un internado).

    Total, el ingenuo del huerto de terraza solo consigue recoger unos pocos kilos de tomates o zanahorias mientras el resto del año los tiene que comprar en el súper.

  2. Lo del ecologismo, como los de los «huevos de corral», resulta cada vez más sospechoso. Hay quien dice que sin insecticidas no hay cosecha de frutos que valga. Pero aparate, a ver quien nos dice que los productos «verdes», si son sanos e intactos, no han soportado los insecticidas. Hay mucho cuento en todo este negocio. Y lo de la «huelga itinerante» es ya de traca.

  3. La lechuga ecológica, el huevo de corral (¡como si existieran los corrales!), es otro de esos montajes que dan de comer a mucha gente. En este caso, que es público, lo incómodo es que el ecologista funcione, en la práctica, como alto cargo de la Junta. Pero además, yo me pregunto qué estimación tan alta de sí mismos tiene algunos de estos «líderes» que quieren seguir dando la barrila hasta después de jubilarse…

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