El decano de los abogados de Sevilla, José Joaquín Gallardo, acaba de cuestionar en público algo que cuestiona desde hace mucho la opinión pública: la eficacia de ciertas actuaciones policiales en asuntos de especial trascendencia social, como puede ser el llamado “caso Marta”, investigación abierta y nunca cerrada tras la muerte y desaparición de la ya tristemente célebre menor sevillana. Hace sólo unos días el Juzgado que instruye en Huelva el “caso Mari Luz” –otro que tal baila– dio por cerrada la primera fase procesal abriendo paso al procesamiento y juicio del presunto aunque confeso asesino para finales de año, pero igualmente sin haber logrado establecer unas imprescindibles pruebas capaces de cerrar esta otra pesadilla. Tampoco se ha resuelto el caso singularísimo de la desaparición de la droga intervenida que fue robada de las mismísimas instalaciones policiales, culminando así una serie de fracasos patentes que justifican la intranquilidad perceptible en amplios sectores de la sociedad. Conozco a ese Decano y mucho me sorprendería en él una ligereza, razón por la que doy por hecho que su grave petición de que unidades especializadas de la Guardia Civil suplan la probable falta de competencia técnica de los servicios policiales, llega asentada sobre una seria y larga reflexión, que bienvenida sea en la medida en que pueda suponer el aliento (no la intromisión) de la sociedad civil en la vida de las instituciones. Lo que es innegable es que en esta rondalla fallan demasiadas notas y que la sombra inquietante de la incompetencia planea y se confunde con unas dificultades que, sin duda, en todos los casos mencionados han debido de ser más que considerables. El propio Decano protesta que no insinúa siquiera que otras policías sean inferiores en capacidad o celo, pero da la impresión de que ha comprendido –en un caso que, por lo demás, afecta de lleno a su gremio—que desdeñar la exigencia de la opinión pública ni es razonable ni puede contribuir a nada bueno.

 

Si hoy es más verdad que nunca el ‘dictum’ romano de que la Justicia tardía no es Justicia, tanto o más lo es la idea de que pocas cosas puede haber tan dañinas para una sociedad ordenada como la existencia en su seno de misterios por resolver, sobre todo si afectan a aspectos tan sensibles de la conciencia pública. Urge, en efecto, que el Estado –todas las policías son o deben ser un mismo instrumento del poder legítimo—se decida a no dejar pudrirse las situaciones ni a permitir que lo que no deben ser más que problemas a resolver por la autoridad se reconviertan en leyendas capaces de erosionar hasta un punto irreversible la confianza ciudadana. Si el Decano dice lo que ha dicho es juicioso pensar que por algo será, y ninguna consideración de índole corporativista debe oponerse a una reclamación como ésa. No podemos exigir al peatón que viva confiado en la virtud de sus instituciones naturales si los resultados son tan escandalosamente dudosos. Gallardo no ha dicho tanto pero, en cierto modo, ha dicho mucho más.

8 Comentarios

  1. Menos mal que se moja la opinión con temas candentes. No se trata tanto de denunciar fracasos como de llamar la atención sobre la inquietud pública. Un país necesita confiar en su autoridad, la menos un mínimo razonable. Cuando eso no es así, ya se va por al camino de lo imprevisible.

  2. Una advertencia importante, poreque de seguir así, además del caos de la Justicia, unos fallos policiales podrían resultar muy negativos. La gente tiene que confiar en el poder público, al menos razonablemente, porque de otro modo, como se acaba de decir, mal irán las cosas. No se puede permitir el cachondeo de estos confesos que se desdicen para volver locos a los investigadores. Habría que propiciar instrumentos adecuados a estas nuevas delincuencias, sin los cuales su éxito y propagación estaría asegurado.

  3. ¿Que tal una bola con cadena al pie, celda cerrada y rancho carcelario? En serio y sin detrimento de la caridad o solidaridad ésa de los cojones: ¿no estamos pasándonos de primos y de garantistas, no campan por sus respetos los malvados y crueles verdugos mientras las víctimas se tienen que conformar con ser expectadores de su chuflería? Perdonadme, amigos, pero me rebela el espectáculo.

  4. En manos de quienes estamos no puede espararse otra cosa que la que hay. Esos padres desesperados, pro muy jartibles que parezcan, son dignos de comprensión más que de comprensión, aunque también. El Decano de los abogados es unn hombre valiente.

  5. ¿Y qué me dicen del escándalo de la Ertzantza, que ahora reconocen algunos de sus números que durante años el PENEuve los dirigía con criterios políticos y no pillaban un solo etarrita aunque estos se le pasearan por delante de las narices?

    En Italia se toman casi a chufla a los carabinieri; en el hermano Portugal medio nos creemos como una broma lo de sus guardinhas -ahora es otra cosa con la GNR- pero aquí en la p… Pieldetoro según de donde sople el viento partidista, así podemos, o no, confiar en unas policías de pura vergüenza. ¿O no es de chiste la actuación de los munipas en muchas ciudades cuando la consigna es no irritar al contribuyente y se abre o se cierra la mano dura según convenga a los monterillas que están chupando? Paísss incorregible.

  6. Pero que clase de oposiciones se hacen llamar esas que aprueban a los policias de investigación? Se ha de exigir más rigor a la hora de tal selección.

  7. Junto a la última cuestión planteada, interesante también la columna con su aviso sobre la inquietud provocada por casos tan incomprensibles para el hombre de la calle. Esta sociedad desmoralizada en tantos sentidos, tiene necesidad de restaurar el prestigio del poder aunque sólo sea para poder dormir tranquila.

  8. Digo yo:
    Esos políticos que se pasan el día legislando cosas que a nadie interesan ¿Por qué no dedican algún día, de cuando en cuando, a arreglar las leyes que no funcionan?
    Pandilla de inútiles…

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