Hay disponible una ingente cantidad de teorías de la actitud infiel, incluyendo el ejemplo o incluso la confidencia de graves personalidades de la ciencia y el pensamiento, desde Einstein, que se las traía a este respecto, hasta Bertrand Rusell cuya coyunda llegó a ser legendaria. Sobre un tema del que casi nadie habla con sinceridad y sobre el que las teorías difícilmente pueden pasar de hipótesis, no es fácil sacar conclusiones seguras, en especial cuando, como en el caso de las sociedades civilizadas en general, la infidelidad va asociada como fenómeno a la cultura del honor, esa área en la que se confunde de manera inextricable el concepto formal con la apreciación subjetiva. ¿Es universal la tendencia a la infidelidad, sería la fidelidad sólo el efecto de la represión ejercida por la cultura o el reflejo instintivo del sentimiento de posesión? Encuentro un estudio reciente, realizado en Argentina, que asegura que la mitad de los varones y más de un cuarenta por ciento de las hembras son infieles de hecho y que cifras aún mayores lo serían eventualmente, lo que, en fin de cuentas, no parece un mal resultado en vista de cómo se está poniendo el patio. Pero un estudio que leo en los ‘Annales’ de la Academia Americana de Ciencia, me entero de que un investigador especializado en agronomía, Nicolás Vereecken, ha descubierto en la orquídea “Ophrys exaltata” la rara cualidad de atraer voluptuosamente a las abejas machos esparciendo el irresistible olor de las feromonas de la especie que esa planta ha logrado sintetizar en su frágil laboratorio: la abeja macho, engañada por esa trampa química, poliniza gratis a una flor que no tiene nada que darle a cambio salvo ese amor virtual provocado por tan fantástico caso de mimetismo químico. Pero, ay, resulta que, investigando más a fondo, se ha descubierto que el aroma en cuestión no contiene los mismos componentes que la feromona de la especie local, lo que demostraría, sin contradicción posible, la disposición infiel de esos machos engañados pero felices. ¿No hay quien se consuela con una inflable de polivinilo?

 

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 Es probable que la etología constituya un campo de estudio más propicio en esta delicada materia y, en cierto modo, cualquiera sabe si avanzar por ella suficientemente no acabaría por comprometer sin remedio los esquemas basados en la moral que llamamos racional, pero que no es más que pura convención como tiene más que probado la experiencia de la antropología y viene a ilustrarnos bellamente la imagen de ese abejón copulando con entusiasmo entre los pliegues sutiles de la orquídea. La naturaleza es ciega, la moral sólo miope, lo cual puede que no sea más que una exitosa estrategia evolutiva de la Vida, dentro de la cual, a pesar de nuestro soberbio antropocentrismo, parece evidente que la exclusividad sexual es un producto ‘histórico’ y, en consecuencia, humano. No hay especie, aparte de ello, en que sus individuos, machos y hembras, no desplieguen, conscientes o impulsados por el instinto, sus atractivos específicos, entre los cuales no me cabe la menor duda de que el menos fiable aunque más eficaz debe de ser la palabra. Rojas y levantadas crestas, plumas irisadas, buches inflados bajo el tornasol, danzas seductoras o generosos avituallamientos, sirven a las especies más diversas para provocar el deseo que garantiza la reproducción, un deseo que sólo el hombre reduce a conceptos y regula con códigos, tal vez porque es el único animal sobre la Tierra capaz de distinguir el placer de esa reproducción. Todo es más sencillo para la ingenua abeja macho enamorada de la orquídea, esa Circe que, al contrario de la embaucadora humana no espera de su engaño más que cumplir con la Naturaleza. Cuando Woody Allen reducía la monogamia a los palomos y a los católicos no parece que anduviera muy descaminado.

10 Comentarios

  1. Como este Hombre lo lee todo, a veces le cuelan, creo, algún matute, que lógicamente da por bueno, basado en el (presunto) prestigio de la fuente, bien sea por la seriedad de origen (Annales) o por el reconocimiento a una firma (Nicolás Vereecken). Una firma importante en este campo es el alemán Vitus B. Dröscher. La fiabilidad de las encuestas argentinas -cometo la enorme injusticia de generalizar- me resulta dudosa.

    En mis devaneos con la medicina natural, estudié a fondo durante un tiempo la miel -nuestra fuente occidental del dulce hasta el XVIII- y lo con ella relacionado, lógico, a las abejas. Puntualizo, pues. (Luego si toca colleja, pues toca).

    El zángano (única abeja macho) prácticamente no sale de la colmena. No tiene capacidad para ello, ni sobre todo para volver. Lo arrojan fuera para que muera, en su momento, las obreras. El zángano no tiene corbícula, esto es, una pequeña depresión en las tibias de las patas posteriores donde las obreras recogen y portan el polen.

    Es totalmente cierto que la feromona regia es la que no solo produce la atracción del zángano -cuando llega su momento y no en cualquier ocasión- sino que también es el elemento de control: a. para que las obreras no desarrollen sus ovarios, y b. induce el momento en que las obreras más jóvenes tienen que empezar a salir para apredner de las más veteranas las tareas de recogida de polen y orientarse en el camino de la colmena.

    Etólogos y etología, me parecen un campo fascinante. Sin embargo, para remordimiento de muchos sapiens sapiens, es innumerable la cantidad de parejas monógamas para toda la vida que existe. Desde las que solo buscan una nueva pareja en la viudez, a las que mueren voluntariamente (?) al diñarla su cónyuge.

    ¿Animales monógamos? Desde el delfín al cisne, desde el babuino a la foca cangrejera, desde el águila real al caballito de mar… Podría nombrar casi un centón. Termino: desde el cormorán hasta el tití cabeziblanco.

  2. Preciosos comentarios, a cual más bonito y no por las mismas razones.
    Tengo para mí que la fidelidad humana es bonita como una flor delicada, dificil de conseguir.
    Para ciertas sociedades, en cambio, era casi necesaria, porque simplificaba las relaciones humanas, aseguraba la supervivencia y la protección de los miembros más débiles,y evitaba quizás la endogamia accidental. Supongo que era cosa de vida o muerte en pequeñas comunidades de recursos escasos…y que sigue siéndolo para muchas especies animales.
    También hay quien dice que, al revés, mejor que tengan prole los machos alfa , que son los más fuertes y fértiles. enfín, complicado, pero de todas formas, no resolveremos la papeleta: siempre habrá los que abogarán por la fidelidad, y no lo serán, los que afirmarán que es algo inútil pero es lo que harán, y los que…blablabla.

    Besos a todos

  3. Estupendo, muy bonito, y ocasión para que Margosa ponga en solfa o duda a la sociología argentina quizá sin saber que ayyyá la socio es disciplina está muy desarroyyyada, y no es broma.

  4. Hoy le ha cogido usted la vez al diario, que publica la noticia, se ve que de fuente distinta. Muy bonita, desde luego, y muy graciosa, aparte de que haya dado pie para esa profesión de fe de fidelidad de ,adame Sicard, un espíritu limpio y recto.

  5. Touchée, mi don Ortógrafo. Reciba mi reconocimiento, y golpeo tres veces mi pecho, pues empleé el término con excesiva ligereza y desahogada metáfora. ¿Enfadarme por algo así, bendito sea el cielo? Si una servidora es la humildad con patas…

    Mi don Páter, firmo con las dos manos la docena de palabras con que usted remata su comenta.

  6. 23:26
    Lo del centón es el más leve de los patinazos del infundado chorreo que doña Margosa le ha echado al maestro. Me explico:

    Las orquídeas forman una extensa familia que está especializada en imitar a las hembras de diferentes insectos por todos los medios posibles, formas, colores y olores, a veces con más eficacia que las hembras autenticas. O sea, que es la mayor y más surtida fábrica de muñecas de goma que hay en el planeta.

    Tampoco acierta doña Margosa en las costumbres de los zánganos.
    Los zánganos se pasan el día revoloteando por los diferentes colmenares en espera de que salga alguna reina virgen para participar en la durísima competición nupcial cuyo premio para el ganador es un auténtico polvo mortal.
    Cuando acaban los días de abundancia, los zánganos dejan de ser alimentados por las obreras, ellos no saben libar ni comer solos, y mueren de hambre. Un zángano muere tras unas pocas horas en ayunas. El asesinato de los zánganos es una leyenda urbana.

    Las abejas forman, también una extensa familia con varios géneros con muchas especies entre las cuales sólo hay cuatro sociales.

    Este humilde ortóptero, antes que grillo fue apicultor de hoby, llegando a tener a su cuidado hasta catorce colmenas y le ha interesado más el comportamiento de las abejas que la producción de miel.

  7. Lo que es la vida, mi don Ortóptero. Una estudia en los libros y luego viene el que estudia en la vida y le da un puñado de revolcones.

    Aceptado el centón, je, je, de collejas recibidas y le felicito por su saber y su galanura en la exposición. En mi manualillo venía eso de la muerte de los zánganos, una de cuyas misiones era mantener el calor dentro de la colmena. Bastaba que las obreras le cortaran la manduca y los mandaran a paseo para que murieran de hambre y frío en el exterior.

    Y si hay que pedir perdón, se pide. Mi experiencia vital con las colmenas reales eran tres “corchos” que mi abuelo tenía en un corralón -yo diría que de esto hace unos cincuenta y cinco años- y no nos permitía a los nietos acercarnos a ellos.

    Besos a todos.

  8. 15:32 29/05/08
    Sin ánimo de polémica, le aclaro, doña, que los zánganos tampoco tienen la misión de calentar la colmena sino todo lo contrario. Ellos durante la noche se dedican a ventilar abanicando con sus alas a la vez que hacen el ejercicio necesario para intentar llegar más alto que ninguno en el vuelo nupcial. Los machos sólo viven en la colmena durante la época de abundancia, que es cuando hace más calor y a la vez es cuando la colmena está más poblada.

    Un beso, doña.

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