Un periódico belga, ‘Le Soir’, lleva un tiempo manteniendo abierto un espacio de reflexión en el que se pregunta y permite contestar sobre el que tal vez constituya el problema mayúsculo de la convivencia actual: la quiebra de la autoridad. En la familia, en la escuela, en la calle. Es un error enfrentarse a esos tres ámbitos como si fueran apenas tangentes cuando son de sobra secantes y yo diría que, en muchos casos, puros círculos concéntricos cada uno de los cuales se funda y desarrolla en el interior del otro. Una de las cabezas más claras de las últimas décadas, Vicente Verdú –a quien, por cierto, tendremos en breve en las “Charlas” onubenses–, ya retrató hace con brillante precisión hace unos años la escena americana que es, según él y según cualquier persona orientada, la matriz donde se concibe y nutre un estilo de vida que ya no se puede decir buenamente que sea el suyo porque, sencillamente, tiende a ser el de todo el planeta. ¡Qué panorama! Seguro que la mayoría no recuerda ya que en el verano del 95 unas cien ciudades yanquis hubieron de decretar el toque de queda prohibiendo a los menores de 16 años salir de casa después de las once. O que no saben (estas cosas se tapan porque en las alturas existe la percepción errónea de que es mejor que se ignoren) que hace diez años ya uno de cada diez chavales llevaba un arma a la escuela. Es la “Generación Y”, sucesora de la engendrada en los felices 60 como ésta lo fue de los concebidos de postguerra. Una generación atrapada en la tremenda crisis de una sociedad en mutación permanente, víctima del imprevisto fracaso de la familia tradicional, rebelde hasta la incorrección, descreída pero dogmática de su propio mitologema. No iba a ser gratis el paso de la comunidad neolítica a la nueva sociedad. Y no lo ha sido. Lean “El planeta americano” de Verdú, una joya, y tendrán más detalles de la que tenemos encima y de la que nos espera.

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La casa, la escuela, la calle. Los jóvenes crean su propio universo, su orden exclusivo, su cultura genuina, y lo hacen desde la intuición –que no tiene por qué ser errónea—de que el modelo paterno les cae como un corsé estrecho. Eso es lo que no entiende la sociedad madura (de la senil, mejor no hablar), lo que olvidan sus desconcertados responsables: que el problema de la desadaptación concierne a los tres ámbitos aunque a una misma causa: la insuficiencia del antiguo modelo para encajar el cambio social. Veamos el ridículo informe del Consejo Escolar de Andalucía minimizando una situación extrema –26.000 casos graves en un año, alto fracaso escolar, entreguismo de los docentes, impotencia familiar—como si ocultando el mal fueran a conjurarlo. Escuchen a los clérigos quejarse de las nuevas ideas y creencias –o mejor, de la inopia y la descreencia—sin percatarse de la parte que les toca. La “Generación Y” domina desorientada mientras los adultos gimen o disimulan, según los casos, autónoma, ensimismada, autosuficiente pero instalada en el confort que proporciona aún la familia nutricia, olvidada del padre, suspensa en clase, sobresaliente en las vertiginosas autopistas informáticas, abismada, desdeñosa, agresiva, gozadora , escéptica y ritualizada . Mucha gente se pregunta qué hacer, pero antes debe cuestionarse quién manda aquí y ahora, y que ha ocurrido para que la jerarquía haya quebrado tan estrepitosamente. Aparte de que no todo es vino y rosas en la nueva vida. ¿Sabían que en USA uno de cada siete adolescentes ha intentado suicidarse alguna vez y que el suicidio concertado –en Japón, pero también en España– avanza imparable vía Internet o en el boca a boca? Leo a un sociólogo escéptico que viene a decir que con su pan se lo coman. Es el sarcasmo de la impotencia, pero este soberbio problema no se combate con sarcasmos. Ni con paños calientes. La “Generación Y” incluye en sus genes una postguerra y una revolución imaginaria. Lo raro es que sobreviva.

9 Comentarios

  1. De cauerdo en todo. Es necesario meditar lo que está ocurriendo atendiendo a su origen y circunstancias. Aunque como padre y como profesor confieso que no albergo grandes esperanzas. Las generaciones no son responsables, por si mismas, de su “estilo” ni de su axiología. Los individuos, menos aún. Por eso me gusta el enfoque de hoy. Nada peor para la Educación que el hecho de que esté en manos de políticos en lugar de estar en manos de expertos.

  2. Una vergüenza el informe que comenta gm, y mayor que la consejería lo utilice (y mande hacer) para tapar lo que estamos padeciendo. La situación en la docendia es casi límite, a no ser que demos por bueno que vale ciualquier nivel.

  3. Digo yo que los padres también tendrán alguna responsabilidado culpa en esta situación. Es en la familia, aunque otra cosa crea gm, donde se educa a los muchachos en el respeto o donde se les aurtoriza, por activa o por pasiva, el desacato. No culpemos de todo al Gobierno. Acuérdese de lo de “Piove, porca miseria…”.

  4. 22:50
    Evidentemente la educación empieza en la familia, se complementa en el colegio y actualmente en la guardería también hacen lo suyo.
    A medida que el niño va cumpliendo años la familia va perdiendo peso en la educación en favor de los compañeros, amigos y hermanos cuando los hay y mientras aumenta la responsabilidad de la familia precisamente cuando disminuye su influencia o se produce rechazo.

    Nosotros, la Sra. Griyo y yo, ensayamos con éxito o suerte dos recetas. La primera fue aplicarles desde muy pronto un presupuesto mensual que se tenían que administrar ellos mismos y consistía en gastos de bolsillo, material escolar y ropa. Le segunda no dejarles olvidar que vivían en mi/nuestra casa.

    También tuvieron su efecto algunas pequeñas inyecciones de humildad, por ejemplo, cuando alguno se atrevió a burlarse de mi/nuestra ignorancia en cualquier campo le recordé que todo lo que él sabía lo habíamos pagado nosotros.
    Otra cosa importante, a cada 18 cumpleaños le decía “… y serás mayor de edad cuando vivas en tu casa de tu dinero”

    Y por supuesto ni una bofetada.

  5. Decidme, carissimi, ¿no es una bendición de los cielos esta tertulia cibernética? Acudimos desde mi don Saint Germain, allende el charco, hasta mi don Reverendo, poniendo sosiego y cordura, ¿qué si no?; desde mi don Magnífico, qué caro te vendes rector, a mi don Elitróforo, del honrado gremio jubileta. Ahora mi doña Ateli, ángel de mis carnes, aporta juventud y entusiasmo. ¿Qué puede hacer una, aunque sean las tantas, sino darse a la tecla con el moderado frenesí que inculcan los reumas?

    Hoy acuden como moscas golosas padres y obreros de la tiza al clamor. La familia Elitrófora nos pone ante los ojos el ejemplo de que educar es cosa de la familia y a la institución educativa, qué paradoja, solo le queda el débil campo de la instrucción. Cuando les dejan, que es casi nunca. Hoy a los niños, a los púberes “los educan/los conducen” las pelis gamberras, los videojuegos violentos, la calle, ese infierno.

    El Maestro nos habla de la obra de Verdú a la que prometo acercarme. Pero si se ven con ánimo les invito a adentrarse en la “Charlotte Simmons” del jodido dandy, el Tomguolf de las narices, que a sus setenta y cinco años nos ha parido la obra donde se recoge -es un camino sinuoso que no lleva a ninguna parte- la anomia, la mediocridad, el desprecio a la inteligencia, el culto al musculito que se vive en los campus USA, incluidos los más afamados. ¡Novecientas páginas a su edad! Asesorado, corregido y enriquecido por gente joven que pulula esos esplendores.

    Allí el botellón que hemos importado, la anorexia como estilo, el lenguaje soez… Si todo eso es la metrópolis del imperio, qué serán sus arrabales.

    Habla el Anfitrión de la generación Y. Van de coxis. Nosotros al menos pudimos soñar, aunque a veces nos asaltara la náusea de don Jean Paul. Estos pollos que nos gobernarán en el futuro ponen su meta en lanzar la pota en cualquier esquina. Puagg.

  6. 23:45
    Mis hijos no nos gobernarán, Doña Epi, porque hemos conseguido que sean personas decentes.

  7. Ayer no púde escribir, aunque túve muchas ganas, pero estaba con ese virus de las 48 h., con fiebre y demás. No asustaros, que no he querido decir que me vea en la obligación de poner mis parrafadas todos los días. Lo haré, como siempre cuando me apetezca y pueda.

    Me lo he leído tres veces, José Antonio, no porque no lo entendiera, está escrito tan claro y diáfano que es un gustazo, sino por el simple goze que me ha producido (a mí y a mi Santi) este artículo.

    Es una auténtica y meticulosa descripción de esta “nueva generación”, que tanto nos ha afectado a los que estamos implicados como “familia nutricia”. Los adjetivos que utilizas para describir a esta adolescencia son perfectos y ninguno, ninguno sobra.

    Nosotros también hemos pasado lo nuestro con esto. Pero sobre todo con el segundo (tiene ahora 19 años, y creemos que ya está un poco encauzado). El primero, que tiene 8 años más, ha sido muchos más llevadero.

    Por eso mismo creo que también hay algunas diferencias en intervalos de 8 o 10 años entre estas generaciones. Creo que esta última generación, ha tenido varios subcampos, o no sé cómo llamarlo, con diferencias culturales y ambientales de calle. Mi mismo hijo mayor nos ha ayudado mucho a “comprender” y a “encajar” el comportamiento de su hermano. Él mismo decía que era falta de “Jerarquía”, que teníamos que hacer ver “quién mandaba”, que no podíamos ser siempre “comprensivos” y nunca pedir compresión para nosotros.

    Pero ¡qué difícil es!, ¿por qué no se darán cursillos “obligatorios” para poder ser padres?, y no me he equivocado cuando digo “poder”, debería estar en ley que para serlos tengamos que pasar por un mínimo de “instrucción”.

    José Antonio, muchas gracias por esta reflexión sobre esta “Generación Y”, que tantos padres te agradecemos. Nos has enseñado mucho.

  8. Pués sí, nuestras sociedades sufren por falta de autoridad: también en la Croix, un périódico católico francés, ha habido toda una serie sobre la autoridad.
    Desde el mayo del 68, cuando se decidió que estaba “prohibido prohibir”, creo que hemos llegado al final del recorrido del péndulo. POr lo que veo empezamos a reaccionar. En los colegios, donde se impone un reglamento y se proclama “tolerancia cero” con los que no lo respetan; en la tele, donde familias con crios insoportables reciben la visita de un cameraman pero también de todo un equipo que se va a encargar de explicar a los padres que tienen que resistir, imponer, no ceder, castigar, enfín hacer su papel de padres. Es alucinante ver a una cria de 6 años gritar hasta que la madre cede, apesar de la presencia de la cámara y de todo el equipo asesorador!
    En las leyes, cada vez más duras con el delincuente, y en la calle , donde una puede decir que esto o aquello hay que castigarlo sin ser inmediatamente tachada de reacccionaria.
    Pero es verdad que hay toda una generación sacrificada.

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