Al alcalde de Cádiz, según andan diciendo, no le gusta el chalé de lujo que se han agenciado sus líderes madrileños en la sierra del Guadarrama. No le gusta hasta el punto de que hay quien segura que en las próximas elecciones puede acabar votando a la que –remedando a Vox pero al revés–, alguno de los suyos ha llamado “la izquierdita cobarde”. Y verdad o mentira, el asunto ilustra mejor que nada el grado de confusión en que nos encontramos en el umbral mismo de las elecciones más confusas que ha conocido esta democracia venida a menos, en la que incluso Kichi –¡un pastón mensual entre él y su señora, oigan!— tendría ya escrúpulos a la hora de votar. ¡Cualquiera sabe lo que puede tronar el 28-A! Lo único claro es que, de momento, el desconcierto de las izquierdas no es menor que el de las derechas.

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