Gran revuelo en la opinión onubense con motivo de la sentencia venial que ha dejado en libertad –¡y con armas!- al vendedor playero que apuñaló reiteradamente al policía. Sus razones tandré el juzgador, por supuesto, pero resulta obvio que la gente no sea capaz de entender tanta impundad ante unos hechos tan brutales como escandalosos, y menos aún que pueda aceptar qué la sentencia olvide la petición de parte de que, al menos, le fuera prohibido portar armas en adelante al agresor. Por completo al margen del ruido en las llamadas “redes sociales”, hay que reconocer que, aún desde el sosiego, cuesta entender una lenidad que contrasta con el trato severo que se aplica, n díasí y otro también, a conductas manifiestamente menos graves.

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