Tremenda la imagen del homenaje “radical” a Blas Infante. Una mixtura confusa, unas ideologías polvorientas, pero sobre todo un descomunal despiste a la hora de refugiarse en la idea de un bizarro “nacionalismo de izquierda”. Mal tienen que andar las cosas para que suene ese mensaje –que, por cierto, no descartaba siquiera el “recurso a la violencia”– que retrata mejor que nada el vacío ideológico y el consiguiente desconcierto de esos líderes menores. Incluso se anuncia un “sindicato andaluz”, en plan aberchale sureño, y se declara “enemigo” al “Estado español”. Los viejos chistes del “Sherry Batasuna” y el “blasinfantilismo” quizá, pero lo que no se comprende es la presencia en ese aquelarre, como diría Chaves, de algunos personajes como Rejón. Lo único positivo quizá es que con semejante espectáculo han colocado al nacionalismo en la más alejada periferia política. Algo es algo. Sólo nos faltaba aquí una nueva mitología.

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