Que la sentencia del “caso ERE” quede en manos de un alto cargo de la máxima confianza de los dos Presidentes imputados no debería ser siquiera discutido. No se puede ser juez y parte, y juez y parte caben pocas dudas que es el magistrado que, durante años, estuvo en el primer nivel político mandando y cobrando gracias a la confianza de esos Presidentes. El PP dice que reprobará a un juzgador tan llamativamente impropio y el PSOE que reprobarlo es una “aberración”, pero la inmensa mayoría de los ciudadanos no entenderían –de perpetrarse— ese extravagante abuso. Claro que el juez no es el único responsable en este casinillo con puerta giratoria que está demostrando hace mucho que la Justicia dista de ser independiente respecto del poder político.

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