Asistimos quizá a la mayor proliferación de los juegos de guerra registrada en nuestro pasado. Los videojuegos han puesto en manos de la santa infancia entretenimientos que consisten en aniquilar al enemigo a sangre y fuego adiestrando el ánimo del alevín, desde su más tierno estado, en esa trágica destreza. Los adolescentes y jóvenes más talludos tienen hoy a su disposición en parques especiales un juego de moda, el Paint Ball , consistente en celebrar batallas fingidas pero de lo más realistas, en las que balas teñidoras  disparadas por armas reales marcan trágicamente a las víctimas a mayor gloria del vencedor. Siempre el juego de guerra atrajo a la gente nueva, por supuesto, y en especial tras las guerras de verdad, pero lo que hoy resulta insólito es el nivel de sofisticación de unas técnicas que permiten degustar con desconcertante realismo la experiencia de la agresividad. En Alemania ha provocado una intensa reacción la ocurrencia de una unidad de las fuerzas armadas de entretener a los niños, durante su “día de puertas abiertas”, convirtiéndolos en guerreros fingidos y asaltantes de una aldea kosovar previamente reconstruida con detalle hasta reproducir su modelo real, la aldea de Mitrovica, víctima durante la guerra mundial –¡y a manos de la misma brigada y de las SS!—de una memorable agresión. He visto las fotos de esos niños aguerridos, apiñados bajo las redes de camuflaje y tras los sacos terreros, tan seriamente imbuidos de su papel destructor como revela su gesto bélico mientras disparaban a discreción con armas de reglamento sus imaginarias balas, como empeñados en probar el concepto reaccionario, vigente desde Heráclito a De Maistre, de que la guerra es una ley del mundo a la que el hombre apenas puede escapar. Se vienen a la cabeza los despreciables versos de Apollinaire –“Ah Dieu! que la guerre est jolie…”, ¿se acuerdan?—acaso, desgraciadamente, más vigentes hoy que nunca. Sólo los espartanos iniciaron en la guerra a los niños como los iniciamos nosotros.

 

En Alemania el incidente de la brigada de esos cazadores alpinos se ha presentado como un fracaso exclusivo de la Bundeswehr, ese nuevo ejército profesional y renovado que, despojado de todo rasgo precedente,  pretende organizarse sobre el papel, pero justo es reconocer que un acto tan insensato resultaría poco menos que inimaginable como tal aventura aislada. Es esta sociedad que enseña a niños y jóvenes a matar y a destruir la que habría de responder por esa maléfica versión deportiva del conflicto y esa trivialización supina de la violencia que queda a dos pasos de la infame soflama de Apollinaire. Esparta queda lejos y en ruinas. Lo malo es que el hombre raramente aprende las viejas lecciones.

17 Comentarios

  1. Hoy lleva toda la razón, soy una de esas personas obsesionadas con este mal ejemplo. La violencia es ínsita en el ser humano pero la sociedad la fomenta. Somos los adultos los únicos responsables de que los jóvenes y niños den rienda suelta a sus instintos animales.

  2. Si socializamos a las nuevas egneraciones en el uso de la violencia y el gusto por la guerra no podresmos quejarnos de lo que venga, que puede ser incluso peor de lo que ya hemos vivido y estamos viviendo. Un art. muy oportuno, sobre todo ese repudio del jueguecito Paint Ball, que es denigrante. En cuanto a lo de los alemans, qué quiere que le diga: ¿que la cabra tira al monte?

  3. Los espartanos lo hacía porque para ellos era ley de vida, razón de supervivencia. Ahora se hace por pura animalismo, por seguir el tirón del instinto. Una pena, lleva toda la razón.

  4. Vamos de un exceso a otro: es politicamente incorrecto que los niños jueguen con pistolas de juguete y en ciertos ámbitos se les confisca si las tienen pero en cuanto tienen unos añitos más no paran de jugar a juegos de guerra.

  5. El caso del ejército alemán que cuenta es indignante. No se explica cómo la comunidad internacional y Kosovo en particular no levantan la voz contra actos como el referido. Aparte de eso, criar a los niños fomentando su agresividad natural es una barbaridad suicida. Este mundo va mal pero lo inexplicable ente casos como el presente es que no acabe estallando.

  6. Me complece felicitar a jagm por la Tribuna que publicó en El Mundo con fecha 13 de junio sobre la obra de José Antonio Maravall. Como no ha tenido eco el centenario de ese maestro, que Carmen Iglesias y Gómez Marín hayan hecho su homenaje particular en este diario los honra al tiempo que dice mucho sobre nuestra desmemoriada y desagradecida España. Maravall fue un gran maestro y su obra es hoy decisiva en muchos aspectos, como comenta atinadamente Gómez Marín pero se ve que en España una gran obra no merece otra memoria que la de sus discícuplos más fieles.

  7. Una denuncia importante que me imagino que en Alemania habrá causado sarpullidos y algo más. Años atrás hubo una polémica, a la que se ha referido aquí un par de veces jagm, sobre la agresión, en la que participaron psicólogos y etólogos de fama mundial, incluyendo a Lorenz y sus detractores, en la que a mi entender ganó la parte que sostuvo el carácter innato de la agresividad. Es la Naturaleza animal, el mono interior en nuestro caso, el que nos hace gustar la violencia

  8. Al menos en el ambiente de la Enseñanza Media, es decir, la adolescencia y primera juventud, ese gusto por la violencia y los “juegos de guerra” es creciente. Me gifuro que no puede ser de otra forma con un cine como el que tenemos y una escuela televisiva que no ceja, aparte de las imágenes reales que nos trae el telediario. Da miedo pensar que el mundo empiece a olvidarse de la tragedia de la guerra en sí misma, y a dejar de lado el respeto que le Guerra Mundial y en nuestro ncaso la Civil dejó a un par de generaciones.

  9. Como en tantos otros ámbitos la corrección política ha hecho estragos. Cómo explicar si no ese empecinamiento en desterrar los juguetes bélicos (esas quemas de pistolas, cartucheras, metralletas, en las escuelas) mientras por la esquina de la portería coeducativa en la paz se colaban los video juegos de contenido ultra violento y sangriento.

  10. Perdón porque antes se me cortó el correo, pero la verdad es que me quedaba poco que añadir, salvo que yo también leí con gran interés la tribuna sobre Maravall aparecida el lunes, y que me pareció, por lo que yo conozco de esa obra, que se ajustaba la realidad. Se ha convertido en un espectáculo insólito algo tan sencillo como la fidelidad, qué le vamos a hacer.

  11. Columna y comentarios me traen a la memoria un telediario que mostraba la euforia y la sed de combate de los pilotos británicos durante la preparación de la guerra de las Malvinas, que días después hudieron al “Comandante Belgrano” mientras se retiraba en franca huida.

    Otro telediario nos mostraba la euforia del piloto que abatió al primer avión iraquí en la guerra del golfo y describía la bola de fuego en que se convirtió el rival con la exclamación: “¡¡es bello!!”.

    No tenemos arreglo

  12. ¿Es malo el hombre por naturaleza? Vana cuestión, y enojosa, porque hay que esperar de él lo bueno y no lo malo en virtud de su racionalidad. ¿Por qué atrae el Mal, con mayúscula, como suele escribirlo ja, por qué hay gente que gusta de las escenas de guerra? No creo que podamos permanecer indiferentes ante esta desgracia de la Humanidad sino que hemos de contribuir, cada cual desde sus posibilidades, a llevar al Hombre hacia una imagen recta de sí mismo. Comprendo que todo esto suena a sermón, pero no veo otro comentario posible a eso que han hecho los soldados alemanes con unos niños inocentes, y que no es distinto a los que los propios padres consiente cada dñia que vean en la tele o en el cine.

  13. Claro que no hay caracteres innatos. Es la sociedad la que conforma el carácter. Por eso el hombre es reflejo de ella y ella paradigma de él. Este ardor guerrero nos viene de la convivencia. Lo orueba que hay pueblos –raros, pero los hay– que no conocen la desavenencia y viven en paz perpetua. Cuando los hemos encontrados los hemos llamado “salvajes”…

  14. Eduquemos en la paz y tendremos pacíficos, eduquemos en la violencia y nos saldrán guerreros. El caso alemán que se comenta es sangrante. Pero basta prender la tele para comprobar que la sociedad educa a viejos y jóvenes en el culto de la violencia.

  15. En mi humilde opinión buscar un motivo para cometer esas atrocidades es buscar una excusa para hacerlo, no hay excusa ni mente sana capaz de realizarlo, simplemente son gente que esta loca, o va a ser culpa de la escena del aeropuerto del Warfare, si fuera así por lo menos yo y todos mis amigos iríamos por la calle pegando tiros, pero bueno, ellos sabrán que son los que entienden, saludos y buen post, gracias por su trabajo.

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