Se comprende el mal momento elegido por el presidente del Gobierno para “bajarse” a Andalucía (a Jaén y a Granada) con la chamarrilla mitinera. El mal dato de antier de la EPA, el bombazo de los ‘manguis’ presuntamente autorizados de Ibiza, la práctica legalización de los terroristas batasunos para que puedan recuperar su teta municipal, el indulto al “etarra olímpico”, pesaban tanto o más que los múltiples problemas andaluces a la hora de proponerse como modelo. ZP debió volar sobre la realidad, exaltar el gran éxito laboral que la encuesta de su ministerio desmiente, guardar silencio sobre los escándalos candentes y sacar la flauta para lucirse con el consabido solo de sensibilidades y feminismos. Está en su derecho. Cada cual habla de lo que puede y calla lo que quiere del mismo modo que el personal oye lo que quiere y vota como puede. Chaves, en plan telonero, ni siquiera se molestó en hablar de nada serio porque a él le trae mucha más cuenta cerrar contra el Otro que bajar a la arena. Que fue lo que hizo. Como desde hace un cuarto de siglo.

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