Dice el ministro de Interior, su Señoría, que el drama que está viviendo nuestra costa ante la invasión migratoria no es un “colapso” porque está “controlado”. ¡A saber qué entenderá por “controlado” el señor Ministro! Pero la realidad no es otra sino que un número tremendo e impredecible de desesperados llegan a cada día a nuestra casa y nadie –ni el ministro, por supuesto— tiene siquiera una idea remota de qué se puede hacer para atenderlos humanamente. Lo que está ocurriendo no será un “colapso”, si se quiere, sino un argumento trágico que incumbe a Europa entera y no sólo a nosotros, una triste desdicha y, llegado el caso, un crimen de lesa humanidad, que no merecen ser zanjados con juegos de palabra. Esto no es tan fácil como retratarse en el desfile del llamado “orgullo gay”. Él debería comprenderlo.

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