Se hace eco la prensa en París de la hipótesis de un ‘prof’ de la universidad de Miami que explica la andadura de Cristo sobre las aguas del Tiberiades por una eventual congelación de la superficie del lago que el extravagante sabio dice haber conjeturado a partir de sus observaciones en conchas y otros restos animales de la zona. Es el mismo, por lo visto, que ya explicó el paso del Mar Rojo en base a motivos naturales, lo que quiere decir que el hombre va empeñado de por vida en una de esas desmitificaciones que, a la larga, resultan tan mitificadoras, por lo menos, como lo desmitificado. Pero lo que suena con más fuerza es el tema, semanasantero en definitiva, del piadoso rescate de Judas que propone la ‘National Geographic’ a partir de la explotación de un “Evangelio de Judas” hallado y trajinado en circunstancias verdaderamente novelescas hasta que ha sido puesto en claro en Suiza por un equipo interdisciplinar, y del que el discípulo malo saldría impoluto y regenerado como víctima más que como traidor, en línea con una teología, ciertamente, nada novedosa. Hay quien ha identificado el documento –en España mismo—con el citado por Ireneo de Lyon, pero en el espléndido libro de Pierre-Emmanuel Dauzat, que me apresuro a encontrar en París, ya se explica que eso no es posible porque habría de por medio una distancia de un par de siglos. Lo que está en juego otra vez es el rescate de Judas, su desmitificación juiciosa, el precio justo que obliga a reconocer que aquel dudoso apóstol, del que hablan tan poco los Evangelios, bien podría ser el buco que sugiere su propio nombre-epónimo (Judas/Judá, judío), adobado de mitemas tan reconocibles como el motivo de los denarios –¡que no circulaban probablemente hacía tres siglos!–, trasunto estricto de los 20 denarios con que otro Judas, el hijo de Isaac, vende a su hermano José –ay, Thomas Mann—o en los 30 de la historia del sacerdote Zacarías. Vamos a salir de la Semana Santa bajando del paso al torvo personaje de la bolsa convertido en un pringao de altísimo destino teológico: servir de instrumento a la profecía autorrealizadora sin cuyo cumplimiento ni Semana Santa habría. Se recuerda la frase de Wilde: todos los maestros tienen discípulos y es Judas siempre el que acaba escribiendo la biografía.

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El mismo Dauzat hace un par de veces un comentario estupendo, sobre todo si se lee en París y a dos pasos (como me ocurre a mí) de los lugares claves del ‘Código da Vinci’: que en los tiempos descreídos es cuando más proliferan las teorías sobre Magdalena y sobre Judas, no falla. Jesús andando sobre el agua congelada, como un patinador de Brueghel, Magdalena disfrazada de Juan posando para Leonardo, Judas reconvertido en el discípulo amadísimo a pesar de la terminante condena que ha de oír (“más le valdría no haber nacido”) y elevado a símbolo de su pueblo perseguido, mudado en el “Judío necesario” que precisaba la tradición antisemita, que comienza ya en la Iglesia auroral, no se olvide, y cobra fuerza manejada sabiamente por Pablo. Vamos a ver qué ocurre con el nuevo apócrifo cuando la digital nos deleite con su costeado reportaje, pero mientras tanto demos tiempo al tiempo. Se cuenta de un eminente renacentista español, biblista por más señas, que siendo pelirrojo hubo de escuchar de su inquisidor jesuita: “No olvide vuesa paternidad que Judas era pelirrojo”. A lo que el aludido replicó subrayando las sílabas: “Ni la vuestra que Judas era de la compañía de Jesús”. Bueno, parece que en esta nueva era, pullas semejantes dejarán de tener sentido y hasta podríamos cerrar el círculo evangélico reintegrando a Judas a su puesto. También se cuenta apócrifo que, adelantándose al desprestigio teológico del infierno, los jesuitas sólo admitían como seguros condenados a Lutero y a Judas. Igual tienen que cambiar de consigna a todo trapo antes de darse de bruces con la imprevisible realidad.

3 Comentarios

  1. Creo recordar que en “Jesucristo SuperStar” Judas se quejaba amargamente de que le había tocado ser el malo de la película.

    De todas formas creo que en el subconsciente colectivo de los cristianos siempre ha estado latente la predestinación del papel de Judas.

  2. Habrá comprobado su Reverencia, mi ilustre Anfitrión, que me han dejado casi sola, honor a Mr. Smith, cual humilde Cirinea, aliviando el peso de esta Cruz diaria que vos arrastrais por esas piedras que los Parisii encajaron una junto a otra para que el Epiléptico tuviera la oportunidad de escribir más tarde aquello de “Omnis Gallia divisa est in partibus tribus”.

    Quién le iba a decir a esta pobre monja lega que superaría en constancia y tenacidad a tanto tribuno ilustre, a tanto rector y a tanto personaje de relumbre como visitan este blog.

    No me resisto a transcribir, siendo el día que es, una burda historietilla que me contaba no hace mucho un capillita de los que estos días se embuten en sus capuchas y engullen satisfechos bajo el antifaz hermosos bocadillos de ibérico de cien bellotas.

    Cuentan que tal día como anoche, emitidos los eructos de rigor en aquella cena donde tal vez se travistió la de Magdala, el Iscariote, administrador como se sabe de la tropilla de desharrapados que seguía al Rabbi, dijo bajando un poco la voz: “Os comunico que de un camello de confianza he pillado dos gramitos de mucha calidad y este es el momento de disfrutarlos”. Sacó una bolsita de cabritilla y desanudando el cordón sacó un trozo de papiro que envolvía un fino polvillo blanco. Con sumo cuidado, sobre el dorso de una bandeja que no había sido usada y valiéndose de un pequeño estilete de hueso que siempre llevaba encima, fue perfilando una, dos, tres, hasta trece líneas de aquel fino polvo que muchos de los comensales veían por primera vez y casi no habían probado nunca. Judas, con otro trozo de papiro que había enrollado cuidadosamente a modo de fina trompetilla, se dirigió al Rabbi con respeto y le dijo: “Maestro, a ti te corresponde la primera línea”. Alegre ya por el vinillo, el hijo del hombre introdujo la delgada trompetilla en un orificio de su nariz y tapándose el otro, aspiró de aquello. Tan de su gusto fue que volvió a repetir la operación con la segunda rayita. Y con la tercera. Y así, una y otra vez hasta que la bandeja quedó limpia cual patena. No obstante con su dedo levemente ensalivado recorrió toda la superficie y luego se frotó aquel dedo con alguna brizna que se había adherido por las encías. Su cara era de un contento inenarrable. No así las de los otros doce que se habían quedado con las ganas de probar qué sería aquello.

    Judas, no pudiendo reprimir la ira que se dibujaba en su rostro, se volvió airado a la concurrencia y dijo aquello de : “A ver si no es pa matarlo”.

  3. Impropio en tiempo y forma, doña Epicrasa, mujer de tanto criterio. Libro hay en que se sugiere que Quien escirbiera el Apcalipsis en Patmos tal vez libó sin saberlo o sabiéndolo un lisérgico que se cría en cierta avenilla loca frecuente en la isla. Uan hipótesis graciosa. La suya, doña Epicrasia, ya le digo, vulgar, chocarrera e impropia de Usted.

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