Juan Palomo

Se ha repetido en incontables ocasiones: los miembros del Parlamento son los único trabajadores que establecen –¡y por unanimidad, no falla!—sus condiciones de trabajo y, lo que importa más, sus ingresos. Considerando los “curricula” de sus Señorías, hasta hay quien dice –y no seré yo— que a ese costo, andamos pagando una Cámara mediocre como si fuera buena… Pero, oigan, números cantan. Porque ¿de verdad podemos entender que por el trabajo que hacen esos biempagados tengamos que apoquinarles ¡13 millones de euros! (es decir más 2.600 millones de las añoradas pesetas), de los que la parte sustancial va a parar, sin mayores justificaciones, a sus afortunados y gastosos partidos? Ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Los “recortes” –¡huy, perdón, los “ajustes”— se reservan aquí en exclusiva para los indefensos contribuyentes.

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