Nuestros políticos, los parlamentarios sobre todo, son como Juan Palomo, ya saben. Ellos determinan su propio sueldo, sus dietas, sus horarios (¿), su retiro, sus bicocas o sus vacaciones sin que nadie pueda pedirles cuenta. Y suelen hacerlo por unanimidad, como es lógico, que nadie suele tirar piedras contra su propio tejado. Ahora el Parlamento andaluz se propone consolidar los dos meses (mínimo) de vacaciones estivales, adelantando el único acto inevitable de agosto (la conmemoración de Blas Infante) a julio, vasto periodo para la reflexión que estos bienpagados añaden a los largos parones de Navidad y Semana Santa. Juan Palomo. A los demás, al pueblo soberano, que le vayan dando.

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