Cuentan que los responsables de la promoción del jamón ibérico, o sea, el ‘Jabugo’ de toda la vida, le han hecho entrega de una pata al mismísimo Sarkozy, un gesto que empata por lo menos la insistente campaña de otras comarcas y denominaciones de origen por hacerse con ese liderato. Se busca también abrir a nuestro producto-rey los mercados extranjeros, en especial, el americano y el asiático, un objetivo que, de conseguirse, sería estupendo pero está por ver que pudiera ser atendido por la actual capacidad de nuestra oferta y si, por otra parte, no acabaría convirtiendo en prohibitivo el consumo tradicional. Está bien, en todo caso, el esfuerzo y la imaginación de esos gestores dispuestos a no dejarse arrebatar una bandera tan propia.

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