Mi padre solía contarme las escenas de la expropiación de víveres que llevo a cabo en mi ciudad el Frente Popular. Y solía repetirme que a él no lo escandalizaba tanto el despojo colectivista en sí mismo sino que el Gobierno lo permitiera, tolerando el modelo expropiatorio calcado de las comunas ácratas que, por mucha literatura que le echemos encima, lo cierto es que terminaron como el rosario de la aurora. Tantos años después, semejante política no es ya más que un lejano rastro en la memoria, como lo prueba que hoy apenas si las fuerzas del orden actúan ya para disolver las absurdas ocupaciones de fincas. Por eso precisamente –y porque la situación es explosiva—ver a la gente de Gordillo y de Cañamero expoliar en plan argentino o venezolano unos supermercados resulta cuando menos extravagante y, desde luego, sumamente peligroso. Pero mi sorpresa es aún mayor cuando observo que Griñán ni siquiera se ha referido a la exhibición de Amanda Meyer en su twiter llevándole la contraria y sin la menor consideración. ¿Qué menos que cesar de inmediato a una alto cargo que apoya el pillaje público poniéndola en la calle sin “cesantía” que valga? ¿Es que no se da cuenta Griñán de que admitir ese apoyo a los vándalos supone reducir su propia imagen a la un monigote en manos de un socio abusivo? La foto de esos carritos robados por las bravas no admiten término medio alguno y, en el fondo, bastarían para que un Presidente con categoría revisara su acuerdo de Gobierno con una izquierda demente que ni siquiera controla a sus diputados y altos cargos. Esto no es la Argentina del “corralito” ni la Venezuela de los majaretas bolivarianos, sino una democracia constitucional en la que no cabe en absoluto la lenidad con quienes juegan a recrear un imposible modelo “novecenstista”.

Recuerdo la energía moral de una Marinaleda a la que íbamos en peregrinación para, entre otras cosas, para corear las canciones de Serrat en medio de un paisaje lampedusiano, tanto como lamento ver hoy a esos braceros reconvertidos en saqueadores ante la pasividad de las autoridades. No es por la fuerza como hay que resolver el problema de la necesidad que padecen hoy muchos súbditos de un “régimen” al que IU anda sirviendo de adarga y de escabel. El sueño de la Revolución es aquí y ahora una vaga sugestión jacobina. Entre Gordillo y José María, por lo demás, media hoy por hoy el abismo de la evidencia.

6 Comentarios

  1. Duro título, colega, se ve que no te tiembla el pulso. Llevas mucha razón en lo que dices, y ninguna los que defienden el carácter “imbólico” de un delito como una casallevado a cabo además por un diputado rodeado de sindicalistas. Dios te conserve la mano firme. Y q

  2. Duro título, colega, se ve que no te tiembla el pulso. Llevas mucha razón en lo que dices, y ninguna los que defienden el carácter “imbólico” de un delito como una casallevado a cabo además por un diputado rodeado de sindicalistas. Dios te conserve la mano firme. Y que digan de tí lo que quieran…

  3. Su padre llevaba toda la razón. Este escábdalo da una ideac de lo perdido que anda por ahí un PSOE que no levanta cabeza tras sus derrotas.

  4. Están, simplemente, dando entidad a un titular que tienen ya listo para difusión masiva: “Procesados jornaleros por robar comida mientras los responsables de Bankia etc. etc.” Agitación y propaganda.
    Sdos

  5. El error es de raíz, cuando Griñán salta el aro de fuego que le sujeta IU. Qué lejos de aquella IU de Nico Sartorius, Tamames, Julio Anguita…

    El actual vicepresidente, en contra de la opinión pública ha hinchado el perro parafuncionarial nombrando unas coordinadoras provinciales de la vicepresidencia y muestra cada vez que abre la boquita la profundidad de su pensamiento.

    De la chica Meyer mejor no hablar. Ha sido valiente al expresar lo que piensa la mayoría de sus conmilitones.

  6. Ya lo han dicho todo ustedes, aunque confieso que la carga de doña Epi –que ha vuelto con bríos– me ha gustado especialmente. No me gustaría callar que la columna tiene gran mérito y está escrita con sangre fiel. Estos tíos son unos golfos, no sólo cuando Chaves quiere llamarlos así, sino siempre.

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