Para Chico Pérez Campos

De tal manera ha evolucionado la investigación en estos últimos años, sobre todo por el apoyo instrumental que le proporciona la informática, que el joven e hiperactivo rector de la universidad de Huelva, la UHU, me describió alguna vez un experimento que se lleva a cabo en ella y que consiste nada menos que en conseguir la transferencia cibernética de los olores, estos, es en enviar un olor a un punto remoto a través del ordenata. Se trataba, obviamente, de un complejo montaje estadístico que permitiría al receptor traducir determinados valores hasta recuperar el olor “transmitido” reconstruyendo sus variables significativas hasta encajarlas en el modelo adecuado, una idea difícilmente visualizable pero que no debe sorprendernos demasiado en esta era de continuos avances de la comunicación física. ¿No nos hemos acostumbrados a guardar en conserva óperas o películas completas, las voces amadas y perdidas o los grandes acontecimientos, reducidos todos ellos a imperceptibles signos electrónicos que permiten su “lectura” instantánea a lo que llamamos “reproductor”? Una universidad española, la ‘Jaime I’ de Castellón, acaba de anunciar que un grupo de sabios de su claustro ha diseñado una nariz electrónica que realiza su tarea de percibir olores a través de otro sofisticado montaje estadístico capaz de permitir la comparación de las características aromáticas de que se trate. Y ha llegado a tanto su antropomorfismo que el aparato ideado tiene, en efecto, forma de napia convencional, adosada, eso sí, al correspondiente panel, un empeño suplementario para dar cuerpo a la idea resistente de que esa función meramente animal puede ser trasferida a un ingenio inerte por obra del conocimiento humano. En apoyo de mi rector y de los sabios castellonenses se me ha venido sola a la cabeza la bella metáfora de Henry de Montherlant: “El olor es la inteligencia de las flores”. Los poetas nos llevan siempre ventaja.

Estamos haciendo entre todos un mundo virtual o, si me apuran, estamos haciendo de la virtualidad una segunda naturaleza q ue amenaza con sustituir a la primera, en no pocos casos, tal como los infinitos sucedáneos han acabado por echar del mercado a tantas realidades para sustituirlas por sus sombras chinescas. Nuestros astronautas se alimentan divinamente con síntesis nutricias y nosotros comemos ostras o lubinas criadas en régimen doméstico cuando no pollos sintéticos, pero es mucho lo que queda por andar en este mundo empeñado en desencarnar el ser para reencarnarlo a voluntad. Quizá estemos perpetrando un nuevo ‘Génesis’ y ni siquiera nos hayamos percatado.

5 Comentarios

  1. Creo que el autor, de natural tan razonable e instruido, se ha dejado llevar por una corriente fantástica según la cual todo es posible en ese mundo imaginario (virtual gustan de llamarle) donde atan los perros con longaniza informática.

    Llevan lustros intentando convencernos de que es posible una traducción automática medio decente y lo único que han conseguido es que el humano hable de forma parecida a como lo hace el ordenador. Ya se sabe, si la montaña no va a Mahoma, etc. etc.

    Saludos

  2. No sé ustedes, pero yo detesto este mundo sintético, detesto sacar dinero del cajero automático, detesto “hablar” por teléfono presionando teclas y oyendo voces que, con todo amable, te obligan a hacer esto y aquello y luego te dejan colgada, detesto ver a los niños jugar y perder la segunda o tercera vida, enfin que este mundo virtual no me va.
    Así podremos hacer sufrir sin enterarnos. Qué guay!
    Besos a todos.

  3. (Desde una rama en la Alameda)

    A propósito de sabios, poetas y virtualidades…

    “No busques la verdad a través de otros,
    pues él se apartará de ti, cada vez más
    lejos.
    Ahora viajo solo
    Y me lo encuentro dondequiera que miro.
    Él es yo mismo,
    y sin embargo, yo no soy él.
    Cuando esto se comprenda
    Me encontraré cara a cara con Tathata (Lo que es Así)”

    (Tung-shan, maestro chino del siglo IX, un día viendo su reflejo en el agua, mientras cruzaba un arroyo )
    ———

    ¿Es que ya no quedan grillos en las ciudades? ¡Qué tristeza! ¡qué hambre!
    Tiuuu, tiuuuu…

  4. Pues se van a ir al garate los sumilleres catadores con este invento, no así la maquina espero que aún no pueda maridar los platos de comer con las bebidas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.