Hay un integrismo laico junto al fundamentalismo religioso. Lo estamos viendo en España de modo muy claro y se ha radicalizado en el septenato zapateril hasta extremos francamente ridículos. Bastante difusión tuvo la ocurrencia de un edil sevillano de IU, socio del PSOE en el Ayuntamiento, al proponer la eliminación de toda referencia a la Navidad para sustituirlas por el concepto de solsticio de invierno, y estos días santos hemos asistido a una “exigencia” de un grupo laicista extremado que pretendía obligar al Ayuntamiento cordobés a retirar un altar propio del tiempo, acción que ha llevado a cabo el sindicalismo de turno con un entusiasmo digno de mejor causa, y a lo que desde el gobierno municipal han respondido recordando que el equipo de gobierno socialista no sólo instalaba belenes en el consistorio sino que la antigua alcaldesa comunista, Rosa Aguilar, compró una exclusiva carriola para peregrinar al Rocío como es debido. ¿No tendrán nada mejor que  hacer esos sindicatos –barridos, por cierto en las últimas elecciones sindicales en toda la Función Pública—que andar al quite de un altar tradicional en un Ayuntamiento? Yo no lo sé, desde luego, pero mucho me temo que, a este paso, vamos a acabar rompiendo en una cultura de la “fatwa” hispana dentro de la que cualquier imancillo “liberado” de su trabajo pueda emitir condenas y sanciones a todo aquel que no encaje en sus presupuestos, que es lo mismo que está ocurriendo ya en el ámbito radical del islamismo donde lo mismo se decreta la destrucción de las iglesias cristianas en el Golfo Pérsico, que se prohíbe estar a solas con una compañera de trabajo, o se autoriza el uso del alcohol de dátiles, el cambio de sexo o el sexo oral. No he conocido a un solo laicista (que no es lo mismo que un laico) capaz de respetar seriamente la libertad de conciencia y de culto, y ello es un síntoma de intolerancia incompatible con la libertad democrática.

Hace unos días el jeque saudí Mohamed al-Moujajid, lanzó por su cuenta una de esas fatwas ordenando el exterminio de los ratones ¡incluido el pobre Mickey Mouse!, por considerar que esos roedores son animales inmundos repudiados por el Islam. Y a uno, salvadas las distancias geográficas, no le parece esa ocurrencia menos absurda que esa otra que se propone eliminar de un día para otro unas tradiciones que los pueblos han mantenido y mantienen como una seña de identidad. ¿Qué es más grave, a ver, tolerar un altar público o trincar pasta en los ERE fraudulentos? Seguro que no faltará en los sindicatos laicistas gente a la que esta última pregunta les caiga en conciencia como una pedrada en una vidriera.

2 Comentarios

  1. No estaría yo tan seguro de lo último que dice la columna. Es que don ja es un ingenuo incorreglbie.

  2. Esa tendencia ha sido fomentada por el zapaterismo como si se tratara de una hijuela republicana y frentepopulista, lo que no es extraño mporque la Iglesia le ha dado a esos políticos disgustos notables ocmo han sido sus granes éxitos multitudinarios en Madrid con motivo de la política antiterrorista y otros temas. Está en marcha, otrav vez, el objetivo-tópico ochocentista del anticlericalismo. La Historia de España es una noria.

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