No resulta fácil entender esa imagen frecuente de “movidas” juveniles frente a la tragedia sanitaria. Las que llegan de Granada no son las únicas, desde luego, pero resultan incomprensibles teniendo en cuenta que sus protagonistas –al menos mayoritariamente y como en tantos lugares– son jóvenes universitarios. ¿Por qué consentir un desafío tan gratuito como insolidario? El alcalde granadino pide a la Junta pies de plomo a la hora de adoptar nuevas medidas de contención, a pesar de que el urgente e indispensable freno a esos incívicos compete a su autoridad antes que a ninguna otra. Esta ciudad alegre y confiada contempla impasible el auge de una desobediencia masiva que tiene menos de travesura que de inconcebible atentado a la salud pública.

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