Doña Pilar de Borbón debe de ser una señora estupenda, supongo, y seguro que tiene ese sentido de la responsabilidad que, aunque a veces no se aplique, se le proporciona a los vástagos reales. La hermana del Rey es infanta y duquesa, y creo que encaja en el perfil castizo de su progenie por cuanto –eso dicen—desahoga sus cabreos sajando sin piedad el lenguaje con modos de jifero. Pero también se apunta a un bombardeo como el del Rastrillo, iniciativa elogiable pero en la que, como comprenderán, había que prever que iba a estar presente el grueso del pelotón de la prensa rosa, lo que quiere decir que este año hubiera sido un milagro que no le preguntaran por lo de Urdangarín que, a estas alturas, es ya una hablilla tan popular. Y bien, a la buena Señora no le ha gustado ese interés de la prensa por la circunstancia que atraviesa la casa de su sobrina y ha zanjado la cuestión con un despótico “¡Y a callar!” dirigido a los periodistas que recuerda más que nada a los “¡Y punto!” de Belén Esteban. Y no. Mire, Señora, la prensa, incluso la “rosa”, es un instrumento de la democracia y su libertad está consagrada por la Constitución, de modo y manera que ni su Alteza ni nadie es quién para mandar a la prensa que se calle y no pregunte. Otra cosa es otra cosa, como demostró el Rey, su hermano, cuando, cortando en seco la grosera demagogia de un mandatario venezolano, le mandó callar coloquialmente desde su presidencia honoraria, aunque el demagogo reaccionara tardíamente para ponerlo como chupa de dómine ante la inexplicable inhibición de nuestra diplomacia. Pero ni usted  es el Rey, sino tan solo su hermana, ni es nadie para mandar a callar a quienes –seguro que muchas veces con notable insolencia—están ahí para preguntar, y si no dígame para qué convocaron a los preguntantes al Rastrillo famoso. ¿O es que alguien puede imaginar que, estando presente una infanta, nadie le iba a preguntar por el escandaloso proceder de su sobrino político y sus millonarios manejos, que están sub iudice, por supuesto, pero también ante la boca abierta de un país que no da crédito a lo que cada mediodía y cada noche le cuenta el telediario?

Flaco servicio le ha prestado doña Pilar a la institución que tan privilegiado estatus le concede, porque eso de dejarse llevar por el “pronto”  está muy bien si cualquiera discute con un igual en el mercado o en la barra del bar, pero en absoluto es tolerable en quien pretende representar a la Monarquía. Lo inaudito sería que nadie le hubiera preguntado por ese lío monstruoso que aflige a la Familia Real, incluso a alguien que, como ella, no pertenece, de hecho, a lo que se entiende por ésta.

6 Comentarios

  1. Co retraso, mi felicitación por su artículo sobre la sequía. Era precioso y usted sabe de lo que habla.

  2. Coin todos mis respetos, esas Señora no es nadie para mandar callar. Una vez más apercio el sentido de la independencia que tiene don ja, y la verdad es que en cuanto vi la noticia se me pasó por la cabeza esta recacción suya. A mayor pretensión de reopresentación social, mayor necesidad de prudencia.

  3. Una cosa así sólo la tolera una prensa como la que lo ha tolerado. ¡A Londres podría rise a vivir doña Pilar!

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