Parece que en un par de decenios se han ahogado en el Estrecho nada menos que 6.000 criaturas. Los penúltimos, antier, cuando volcó una patera de la mafia con doce desdichados a bordo de los que sólo se salvaría uno. Navegaban de madrugada, con mar gruesa y fuertes vientos, tras haber pagado cada uno por su travesía entre 1.000 y 1.500 euros. ¡Para que digan que todo va como la seda con Marruecos y que esa garduña criminal está controlada! ¿Por qué consentirá nuestra Armada esta tragedia en lugar de impedirla? Sin duda porque esas vidas que se pierden no interesan en el marco de una política de guante blanco tan complaciente como inhumana. Nuestro mar del Sur es ya una fosa inmensa en la que naufraga, un día sí y otro también, nuestra cacareada solidaridad europea.

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