El pensamiento débil puede dar de sí resultados bien fuertes, como ha demostrado la creciente anomia provocada por el panfleto de Hessel. La demagogia tiene indudables ventajas sobre la democracia a la hora del proselitismo por la razón elemental de que es incomparablemente más fácil. Miren el caso de Sevilla. En poco menos de un mes, un ministro del Gobierno ha sido impedido de expresarse en público por un grupo agitador convocado a ciegas en las llamadas “redes sociales”, y un ex-presidente del Gobierno se ha visto forzado a cancelar la presentación de sus memorias ante la amenaza que suponía la simple convocatoria a los reventadores. Hemos visto encabezar a esa horda al responsable de unas juventudes políticas y oído defender la causa de los agitadores a personas con cargos relevantes en el partido en el Poder. Es verdad que el Poder mismo no las tiene todas consigo en cuanto se aleja una legua de su palacio, cierto que el Presidente de la Junta y no pocos consejeros han sido abucheados en sus respectivas visitas por elementos disconformes con sus políticas o, simplemente, reivindicadores de soluciones para sus problemas propios. Pero eso, bien mirado, es la política pura, ese oficio que debe saber que el envés de sus privilegios es el haz de la protesta. Lo otro es distinto, porque impedir a organizaciones civiles abrir sus tribunas a quien sea –político o no—es, simplemente, un acto de imposición inmoral y, por supuesto, ilegal, por más que la debilitada autoridad no sea capaz de hacerle frente, dicho sea sin que se me oculte que la primera pretensión de los alborotadores sería siempre su publicitaria represión. La pregunta es si podemos llamar democracia a un régimen que no garantiza la libre expresión frente a unas minorías camorristas. Alfonso Lazo ha recordado hace bien poco que Tocqueville sabía ya que la democracia puede ser totalitaria.

La protesta hodierna carece de instrucción, obedece a resortes instintivos accionados por retazos de teoría antisistema, no piensa, evidentemente, si no advierte que imponerse a un auditorio y a un orador es igual o peor que sería imponerle a ella el silencio por la fuerza legítima. Pero funciona, funciona en un país desmoralizado que es incapaz ya, a su vez, de distinguir entre la protesta legítima y la arbitraria provocación. Hessel debería haber pensado mejor ese concepto de “dignidad” que se viene maltraduciendo por algo equiparable a la tiranía de unos pocos.

8 Comentarios

  1. El fenómeno de los “indignados” da una idea de la sociedad que estamos viviendo, de su fragilidad ideológica. Hessel no es más que un anciano que fue un héroe pero que nunca se distinguió por su caletre. Y sus indignados son aquí una mezcla de neo-anarcos, izquierdistas (en el sentido clásico de la expresión) y, por supuesto, correas de transmisión de ciertos partidos de la izquierda.

  2. Mi vecina, sorda, lee perfectamente los labios y se expresa con una voz rara pero entendible. Casada con un sordomudo también, quien no tuvo tantas oportunidades de educarse, me explicó que entre ellos no existe el saludo con apretón de manos, porque las necesitan ambas, todo el tiempo, para expresarse.

    No sé si es cierta la anécdota de que el _entonces_ Canijo, arrancó los cables del micro, allá en Suresnes. ¿De qué nos maravillamos hoy?

  3. Muy bien por desenmascarar al perroflauta. En política se puede ser o estar fuera de ella pero no comer y sorber al mismo tiempo, atribuyéndose el monopolio de la opinión. Estos ejemplos que nos da de Sevilla tienen muchos precedentes, sobre todo en Cataluña, por parte de los separatistas, lo que deja claro que la autoridad no encuentra el punto medio justo para garantizar los derechos tanto de las minorías como los de la mayoría.

  4. Hay que tener en cuenta que este fenómeno es causado por la crisis. En todo tiempo hay protestantes, pero estos de hoy son característicos de una sociedad cabreada y ociosa que cree que tiene poco que perder y por eso no tiene inconveniente en romper la vajilla.
    Los que no dejan hablar a otros es que los temen, no les quepa duda de ello.

  5. La anécdota.

    La periodista que dio la exclusiva mundial de la renuncia de B16 la captó porque il vecchio papetto lo hizo en el transcurso de una ceremonia ¡en latín!. Una exclusiva ‘urbi et orbi’. Para que la sigan llamando lengua muerta.

  6. qué bonita anécdota! Si resulta que este hombre va a tener ya hasta humor! Me estoy leyendo “la infancia de Jesus y desde luego es un theólogo con una fé como un camión. He conocido a curas que no la tenían.
    Besos a todos

  7. He visto varias de esas actuaciones de “indignados” y no veo nen ellas más que arbitrariedad, libertad inventada, pero para sí mismo, no para “los otros”, que son todos malos, por supuesto, y por eso mismo se les puede callar la boca. Los islamistas te arrojan un zapato despectivamente pero, al menos, te dejan hablar antes. A lo que voy es que a acciones de boicot como las que recuerda la columna constituyen lo que podría llamarse terrorismo de baja intensidad. Por ahora, que más tarde ya veremos.

  8. Esos grupos no tienen ningún deecho. Sólo funcionan porque la autoridad se tienta la ropa. Vamos a pagar cara estos abusos libertarios.

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