Absuelto por falta de pruebas, después de tanto tiempo, el único acusado de provocar el devastador incendio que en 2004 asoló el monte de dos provincias y se cobró dos vidas. El resultado es la impunidad absoluta: nadie ha tenido la culpa de un siniestro provocado que fue posible, además, por el abandono del monte. De él la crónica recordarán que fue trágico para muchos, que el Presidente prolongó sus vacaciones gallegas con tal de no acudir al quemado y que no se han cumplido, como es habitual, las promesas prodigadas sobre la marcha. Pero no hay culpables. Un fracaso polifacético que implica a varias Administraciones aunque, desde luego, no sea ninguna novedad.

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