Escena en el telediario: el alcalde de Alcaucín, “Pepe el Patillas”, vitoreado por un grupo de ciudadanos mientras es conducido por las fuerzas de seguridad. Otra vez el miserable “torero, torero” que el entonaron al furtivo Bermejo en el Congreso, eco lejanísimo y menor de la escandalosa manifestación contra el TS a las puertas de la cárcel de Guadalajara en apoyo a dos secuestradores convictos. Ha habido muchos casos y sabemos que las urnas ha confirmado, en las últimas municipales, a varios regidores presuntamente corruptos. ¿Qué ocurre, que la corrupción ha calado hasta los huesos del sistema social? Es urgente reflexionar sobre qué significan estos alardes de impudicia y adhesión al delito. Porque a lo peor es que esto empieza a no tener remedio.

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