Contemplado desde fuera, el paisaje procesal de los ERE está resultando desconcertante. Vaya que la juez sustituta de Mercedes Alaya ande devanando, como Penélope, la madeja del presunto gran saqueo o que todas y cada una de las líneas de investigación propuestas estén siendo paralizadas a ojos vista; que prescriban ésta o aquella responsabilidad clamorosa; o que el gentío barrunte que todo ese lío habrá de quedar en agua de borrajas, pues eso depende del incuestionable criterio de la magistrada. Ahora bien, eso de que la juez sustituta reclame –no se lo pierdan– ¡a Burkina Faso! la extradición de uno de los presuntos que se fugó en su día, merece un premio extraordinario al humor judicial. Si esa decisión la llega a tomar su antecesora, es probable que el fiscal-exconsejero Llera nos hubiera divertido con uno de sus famosos chistes.

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