Estamos viviendo en toda Europa, casi sin darnos cuenta, por descontado, una seria revitalización de la extrema Derecha. Desde París nos llega un dato revelador: Marine Le Pen, heredera del FN de papá, es la tercera personalidad política preferida por los franceses. En Austria acabamos de ver el salto adelante que ha dado el neofascismo (¿o sería mejor decir neonazismo?) no por previsible menos inquietante. En Grecia, la autoridad se las ve y se las desea para contener –ya que erradicar se antoja en estos momentos imposible—a esa organización criminal que se hace llamar “Amanecer dorado” y que no es sino un “revival” del nazismo que destrozó aquel país. Incluso en España vemos incidentes demostrativos de la energía recobrada del ultrafascismo, consecuencia, no cabe duda, de la tremenda situación sociolaboral que vivimos, como el reciente del asalto a una entidad privada en demostración contra el separatismo catalán. El tabú que rodeaba la memoria del genocidio hitleriano parece haber cedido como comprobamos en la tele escuchando autodefinirse nazis, sin el menor complejo, a determinados elementos. ¿Otra vez la confrontación de los años 20, de nuevo el temible mito de que sólo el cirujano de hierro puede acabar con la crisis y, en concreto, con el paro? Puede que sí, porque los fascismos no son sino reacciones nerviosas provocadas por el miedo a la libertad, pero también es cierto que echan fáciles y profundas raíces en el terreno abonado de las sociedades desoladas.

Un poco por todas partes se agita el gesto brutal, inhumano, de la violencia evocada como remedio contra la crisis socioeconómica, como si la memoria del horror se hubiera borrado de un plumazo franqueando el paso a una vuelta a las andadas. El Tea Party de los americanos, con su radicalismo suicida, entra en esta misma línea. El huevo de la serpiente está ahí, incubado por la insensibilidad del Sistema. Es sólo cuestión de tiempo que eclosione de nuevo si las democracias occidentales no aciertan a salir pronto de la crisis, propiciando que el descontento, resuelto en desesperación, repita el gesto de nuestros abuelos e, incluso, sin salir de la democracia, ofrezca el poder a sus enemigos. El distanciamiento de la política y la subida de la abstención pueden llegar a ser la puerta alternativa que permita a la violencia mantener su careta e invadir unas partitocracias invitadas por la inocencia ciudadana. No sería la primera vez aunque bien pudiera ser la última.

7 Comentarios

  1. Observaciones certeras que ponen los pelos de punta. Veremos como los 2 “grandes” partidos, en vez de pensar en una große Koalition, se esfuerzan por darle poder a los extremistas, en aras a la “antipatía”(la palabra más suave que encuentro) mutua.

  2. No le falta razón a don Pedro Gonlz-Quevedo, aunque haya que decir que don ja ha escrito muy buenos artículos en los últimos tiempos. Buscar cada día tema y enfoque, procurar su utilidad al lector, me parece a mí que es un mérito grande. Hoy mismo poner la lupa delante de lo que ocurre en Europa con la ultraderecha nazi me parece importante. jagm es uno de los pocos columnistas en España que no se enfangan en el aburrido légamo de la actualidad política (minúscula) de la actualidad española.

  3. No debería sorprendernos la puntería de nuestro Anfitrión. Algo que no es nuevo por otra parte, ya que se han cumplido los cuarenta años de la publicación de su “Bandolerismo, santidad…” Aunque mis cansados ojos necesiten la lupa para repasarlo de cuando en vez.

  4. Interesante aviso a los navegantes. No nos damos cuenta de lo que ocurre a nuestro alrededor ni siquiera cuando eso que ocurre nos amenaza de manera tan directa. Los datos que ofrece don ja –y podría añadir otros cuantos– son tan ciertos como inquietantes. Las raíces del nazismo son profundas y las democracias, jardineras demasiado tolerantes con esa mala planta.

  5. Sin Billy el Niño y la vieja guardia, ¿quién les protege ahora? Supongo que la derecha se beneficia de esos monstruos a su derecha, y la izquierda frivoliza como siempre con el tema.

  6. El hombre tropieza las veces que sean precisas en la misma piedra. Datos como los que ofrece jagm no le dicen nada, vamos que no incomodan demasiado, a una parroquia que ve lejano, y por tanto ajeno, incluso el balcón de enfrente.

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