Muamar el Gadaffi está en Andalucía. Se habrá alojado en un suntuoso hotel de la metrópoli, habrá cenado con el expresidente Aznar y no se verá con González porque anda de viaje. Diplomacia obligada, se dirá, y sin duda así debe de ser (nadie en sus cabales creería que Sarkozy soporta a este sátrapa de buena gana) y no cabe duda de que siempre es mejor llevarse bien que andar a las bravas. Pero sin olvidar. Gadaffi es quien es, pague o no pague sus terribles crímenes con dólares americanos, y sobre él planeará la sombra del avión derribado por sus terroristas por más que se vista de seda. ¿Qué no es el primero ni será el último bárbaro recibido con honores en una sociedad libre? Pues seguro, pero permítasenos, siquiera, recordar quienes son esos próceres indeseables cuando veamos que nuestra democracia los agasaja. Lo mismo hicimos (algunos) cuando Reagan lo bombardeó sin previo aviso. Otros callaron entonces y callan ahora.

1 Comentario

  1. Por aquí ha venido , se ha interesado por la suerte de mujeres emigradas y nos ha dado lecciones de democracia. Tendrá cara el tío!

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