Las mujeres del PSOE sevillano han promovido, desde su estructura federal desde la regional y desde la provincial, un manifiesto en el que se pide, con toda la razón del mundo, la dimisión del concejal botarate de Aznalcóllar que agredió a una mujer del consistorio. Noten qué diferencia con lo ocurrido en Huelva cuando un concejal de Aracena hubo de ser condenado por la Justicia por tocarle el trasero a una mujer y le pegarle a otra, pues lo que aquí ocurrió –con la honrosa excepción de la consejera Micaela Navarro y los pujos reprimidos de algunas compañeras—fue que hasta se defendió al agresor buscándosele un empleo “de alta dirección” y exigiendo que se diera por liquidada su culpa con la sentencia misma. Huelva no es Sevilla, está visto, ni siquiera a la hora de defenderse a sí mismas las propias mujeres. Aquí ha llegado a salir a defender al agresor hasta una diputada. En Sevilla parece que la cosa va por otro camino.

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