Pocas cosas diferencian tanto a la ‘basca’ actual de las que la precedieron, pero ninguna, probablemente, lo hace de manera tan llamativa como su forma de comunicarse. El contacto juvenil estuvo siempre limitado a ese medio que cierta sociología (Coolie, or ejemplo) llamaba el “grupo pequeño”, verdadero crisol de la personalidad, tal vez más efectivo que el de la propia familia. Los jóvenes no se comunicaban a distancia más que excepcionalmente, lo cual limitaba de modo drástico las posibilidades de interacción e incluso los propios adultos reservaban el correo, casi sin excepciones, al amor y a los negocios. Hoy todo el mundo se comunica, casi nadie escribe cartas, sólo un descolgado pondría un telegrama, cualquiera usa el teléfono personal varias veces al día y una cantidad creciente de ciudadanos de todas las edades –que sólo durante el año pasado se duplicó alcanzando los 620.000 millones de mensajes– abarrota el espacio vital con su tráfago imparable. La verdad es que la cronología de esta revolución es confusa, pues mientras estos mismos días se anuncia el quince aniversario del ‘sms’ (“short message service”) y nos enteramos de que el invento ha reportado el año pasado a las compañías explotadoras nada menos que 34.000 millones de dólares, desde el famoso ‘MIT’ se recuerda que fueron sus sabios, en 1965, quienes lograron enviar el primer “e-mail” (‘electric mail’) facilitando al mismo tiempo la imprescindible integración en redes después de que Ray Tomlinson, un ingeniero desconocido hasta entonces, resolviera el problema de la localización del correo utilizando la popular ‘arroba’, signo que en inglés se pronuncia “at” con el significado de “en”. Un grupo de profesores de la Universidad Politécnica de Madrid anuncia, por su lado, que lo que de verdad deberíamos celebrar son los veinte años del éxito obtenido por ellos al lograr, vía Amsterdam, en “enganche” de España a la Red, pero  no faltan los ironistas que sostienen que la comunicación informática fue descubierta por un investigador universitario como respuesta a la necesidad de contactar sin grandes demoras con un profesorado investigador que parece ser que abusaba de sus ausencias del laboratorio. Todo progreso tiene su coste, eso sí que va a misa.
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Sea lo que fuere es evidente que hemos entrado en una era nueva en la que la especie ha elevado exponencialmente su capacidad de comunicarse hasta convertirla en una tiránica necesidad pero, y sobre todo, en un tiempo desconocido en el que la relación humana ha sufrido una decisiva mutación. La idea tradicional del mensaje implicaba demora porque el correo, incluso el del zar, debía detenerse en la posta y cambiar de cabalgadura, una circunstancia inimaginable en el universo einsteniano en el que nuestros hijos han adaptado su impedimenta sin pensárselo dos veces y del que nosotros mismos, los adultos, estamos haciendo un ámbito nuevo, un paisaje psíquico virgen en el que espacio y tiempo se funden “relativamente” en una misma y equívoca entidad. No hace ni medio siglos que nos asombrábamos ante aquel “teléfono rojo”, sin telefonistas ni demoras, que uniría a los poderosos de la Tierra tras el susto de la “crisis de los misiles” en evitación de mayores males. Hoy hasta el último de la fila tiene a mano ese celular que ha achicado hasta lo inverosímil el abismo interpersonal y en el que puede teclear, en su neoalfabeto bárbaro, lo mismo un requiebro a la amada, un improperio al profe o una amenaza al sufrido empollón. No cabe duda de que 620.000 millones de mensajes hablan de una Humanidad distinta y, en consecuencia, también de un ‘individuo’ diferente que quizá no sospecha hasta qué punto ese ‘surplus’ de libertad lo conduce a la más férrea  integración. Todo progreso se paga. De lo que aún no tenemos ni idea es de cual será el precio efectivo de éste que conmemoramos.

18 Comentarios

  1. De regreso por unos cuantos días aprovecho para aprender deleitandome.
    Pues si, ahora nos agobian las comunicaciones, las informaciones, los mensajes, las llamadas telefónicas. Como decía uno no hace tanto tiempo: ” Yo no tengo teléfono porque no soy una chacha: a mí no me tocan el timbre y acudo.” Pues algo así de incómoda me siento con tanta comunicacion. Tambien me temo que dentro de poco nos dirán como con la ley: “nul est tenu d’ignorer la loi” : nadie debe ignorar la ley. El poder de turno podrá afirmar: “Estaba usted informado. Tal día, a tal hora, le pasamos a usted la información.”
    Pero es verdad que tiene sus buenos lados: este es uno de ellos.
    Un abrazo a todos

  2. Este fraile es el que va detrás del último de la fila. Porque celular tengo, pero nunca sé muy bien dónde, y sólo lo pongo en carga cuando voy a salir de viaje. Le pongo cinco leuritos de prepago y juro por Snoppy que alguna vez me han caducado. Releo a ratos por poner un ejemplo a Vázquez Montalbán, también a Glez. Ledesma que evocan una Barcelona preolímpica, que es a la que fui bastantes veces, por cosa de los ojos mayormente. Sólo una a la postolímpica y me vine saturado de diseño post-postmoderno en un par de días que pernocté en ella y de periquitos en los plátanos de sombra. Ya, si paso por allí la circunvalo. Creo que se me enganchó el ancla en el cero del año noventa.

    ¿Cartas? Pues cruzo un par de emilios de a dos folios a la semana con varios amigos -quizás hayan notado mi incontinencia al teclado- intentando dejar caer su puntito literario, hay que merengarse.

    Cuando veo un sms, incluso algún emilio he recibido de tipo comercial, pero personal -supongo que se me entiende- y me ponen ‘q’ por ‘que’ e insultos parecidos, todo en minúscula y sin acentos ortográficos. Cuando con seis o siete años mi abuelo me ponía a hacer dictados como deberes, sentados a la mesa camilla, me decía “en atún, hay que poner una comita encima de la u”. Un par de días después me volvía a dictar atún y me advertía “a ver si no se te ha olvidado de algo que lleva esa palabra”. Cuando veo cómo escribe la basca me entran ganas de echar mano a la pistola, sin caer en la cuenta que nunca he tenido de éso.

    Decididamente creo que aún no he entrado en el s. XXI, pero ni p… gana que tengo de ello. Zumbi, espero una colleja tuya, tron.

  3. Una verdadera revolución, estimadísimo amigo, un terremoto en las relaciones interpersonales, como muy bien apunta usted, que hará que este mundo no sea el mismo en muy poco tiempo. Hace poco oí en una radio (era de madrugada) a una llamante espontánea sugerir la confesión telefónica y no me sorprendió, créame, se lo juro pos Snoopy, como fray Pero, que eso no lo prihibe la SMI.

  4. ¿Cómo tiene humor con el calor que me cuentan que está haciendo en su feudo, don josian, para buscar estos temas y tratarlos con tan buen tino y subida erudición? Como vamos a vernos pronto ya me lo contarás, pero mientras tanto recibe otro reconocimiento público (aunque pseudónimo) de quien bien quisiera estar cerca de Punta Umbría para no perderse el programa de Charlas que has preparado para este verano, especialmente la intervención de nuestro Ignacio Sotelo.

  5. Otra virguería, mientras los demás siguen y siguen con sus pepés, sus etas y sus puñetas. Un privilegio esta columna, denostado aunque también muy admirado gm, que no me duelen prendas reconocer.

  6. No creo que llegue la sangre al río ( me refiero al tema de “la mordaza de Chaves”); están bastante claros –mal que bien– los límites de la libertad de expresión y el derecho (y la obligación, moral cuando menos) de los periodistas a contar la verdad resulte o no cómodo hacerlo. Por cierto, ¿s ele ha ocurrido calcular cuçanto costará diuariamente la factura teléfónica de la Junta mientras a lo peor se encuentran ustedes siete juzgados valiéndose de un único fax?

  7. Todo progreso se paga. Querido y admirado maestro, observo en usted inquietantes síntomas de sabiduría pero también de envejecimiento. No me lo tome en serio, ya me conoce, pero me he reído mucho pensando lo que usted le gusta una novedad tecnológica y cuánto le he oído/leído protestar ante ellas en esta vida.

  8. En efecto, se ha perdido el género epistolar y con él la entrañable imagen dle cartero, esos mensajeros de buenas y malas noticias que tantas veces espíamos en nuestra juventud. En realidad, aunque no lo sepan nuestra juventud (incluida la universitaria que tengo el honor de tratar), lo que se ha perdido es un “género” literario, todo un arte en el que los españoles fuimos siempre señeros, y usted lo sabe porque he visto más de una cita suya referida a correspondencias famosas. No hay tiempo para nada, ésa es la clave, y ésa es la pena que hemos de asumir justamente a cambio de un porgreso que también nos beneficia y no poco.

  9. Me encanta la sencillez doña Sicard casi tanto como el ingenio de don Pero, lo que no supone que menosprecie al resto de los amigos, en absoluto. Me cuesta imaginarla, allá en su Angulema, un poco al mergen de los convencionalismos pero sin perder nunca la “sagesse” galicana.
    Un grupo de compis hemos seguido surante el curso el blog diariamente, y ella es uno de los mayores atractivos reconocidos por la mayoría, aunque lamento no tener tiempo ahora para explicar el aprecio que a cada cual le profesábamos. Algún día lo haré, queda prometido.

  10. ¿Me equivoco yo o en el blog, aparte de Zumbadito, no hay gente joven? ¿Se explicara esa circunstancias por el nivel, por la complejidad, por el propio lenguaje usado por al autor? En realidad, nada me autoriza a suponer lo que digo salvo el tono juicioso, en general, de los comentarios, a veces en temas muy delicados.
    Pero, si fuera como digo, ¿cree don ja que se podría hacer algo para que la juventud leyera más, se interesara, por ejemplo, por citas como ésta donde tanto puede aprender con tan poco esfuerzo?

  11. ¿Dónde está el Abate, recorriendo en vespa la piel de toro, acumulando argumentaciones peregrinas, oficiándole un Te Deum a Javier Ortiz? Confieso que con frecuencia siento debilidad por su personaje y que otras veces me irrita bastante su rigidez. Empezando por el pseudónimo, y a pesar de que ya le han explicado varias veces quién era en realidad aquel gran pícaro llamado Marchena. En fin, que lo exhanos de menos cuando no aparece y eso es buena señal, me parece a mí. En mi caso, puede estar seguro, es signo de afecto.

  12. ¿Quiénes son los “perseguidos” por Chaves? Debe decirlo para que haya una corriente de opinión frente a ese intento de acojonar a los profesionales de la información. Me imagino que diría Chaves si el querellante fuera Arenas. Pero supongo que esto no tiene el menor mérito.

  13. También yo creo que se trata de una mutación, como propone jagm, porque una relación sometida a semejante control no sabemos bien si podrá resistir. No hablo de la sra. llamando al marido o viceversa, o de mamá localizando al niño en la litrona, sino de todos, de una Humanidad que puede haber perdido algo importante al enajenar su “rincón íntimo”. jagm habla de un individuo distinto somo consecuencia de un cambio del conjunto y yo también lo creo. No me parece que esta explosión comunicativa se agote en que el contacto entre las personas se haya hecho más fluido.

  14. Doña Bárbara, ¡No sabe lo halagada que me siento! ¡Me ha sorprendido usted muchísimo! Si sólo escribo obviedades, y sin gracia ninguna! A mi , quienes me gustan son don Pero, con sus numerosos alias, don Griyo, y don Zumbao, aunque siempre detrás del maestro, que él tiene el mérito, amén de escribir con gracia y con valentía, el de habernos juntado!

  15. Olvidaba al señor Cura , a quien mucho aprecio y a nuestra Argentina : esperamos todos que su salud mejore.

  16. 00:55
    Muchas gracias, doña Sicard, Vd. si que me halaga a mí.

    Hoy los tiempos adelantan…

    A ninguno de los grandes futuristas, desde J. Verne hasta I. Asimov pasando por no sé cuantísimos más, se le ocurrió preinventar el móvil, el pc y mucho menos la Red.

    Pues sí, don ja. Yo pasé varios años diciendo a toda mi familia que nadie me regalara un móvil y un día me compré dos.
    Lo cierto es que han pasado a formar parte de nuestras vidas y las pocas personas que no los han aceptado nos parecen bichos raros.

    Las relaciones humanas se han multiplicado por mucho y en muchas personas ha llegado a la saturación. La parte negativa es el abuso de la publicidad de la que no hay quien se libre.

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