La historia de Wendy Whitaker, una joven de 29 años ciudadana del estado de Georgia, está sirviendo esta temporada para cuestionar los excesos clamorosos de algunos sistemas de previsión policial indiscutiblemente movidos por el hondo complejo puritano que anida en la sociedad americana pero que, lamentablemente, va extendiéndose –de modo paradójicamente paralelo a la permisividad—en tierras europeas. Wendy fue condenada cuando tenía 17 por haber sido sorprendida practicando una felación a un compañero de clase al amparo de un oportuno apagón y, por ello, inscrita en un fichero público de delincuentes sexuales que en EEUU es público (puede consultarse en Internet a través de cualquier buscador) y vitalicio. Para el puritanismo de Georgia, la felación constituye un delito de ‘sodomía’ (¡) que hasta el año 2006 incluía los “perpetrados” en la intimidad conyugal y que desde entonces –¡aunque sin efectos retroactivos!—ya ha dejado de ser delito. Y como incluso los amantes que contraigan matrimonio legítimo tras haber “delinquido” o que hayan “rehecho” sus vidas tras el episodio siguen siendo considerados nefastos, Wendy, ya casada, ha visto como la echaban de su casa matrimonial simplemente porque en una escuela cercana funcionaba una guardería y los 674.000 “convictos” como ella que figuran en ese Registro, tienen prohibido acercarse a menos de 300 metros de cualquier concentración de niños. No se lo van a creer pero en aquella gran y extraña democracia lo fichan a uno de por vida en ese escaparate público lo mismo por una escapada al prostíbulo que por mingitar en la vía pública o mantener relaciones sexuales adolescentes. Buscarle su lógica al puritanismo es perder el tiempo.

A esos viejos ficheros americanos (fueron creados a mediados de los 90) van a sumársele ahora algunos europeos. En Gran Bretaña se ficha ya hasta a los menores de 11 años reos de algún delito considerado socialmente peligroso, en Francia ha salido adelante la ley Prevén creadora de un fichero judicial automatizado que cuenta ya con más de 40.000 censados y en el que se forcejea para incluir a menores, aunque de momento, todo debe decirse, ni la felación se prohíbe ni se le ponen puertas al campo de los casados. Wendy puede sentirse segura en un país que organiza una batalla para rescatar a un soldado en manos del enemigo o envía a Corea un ex-presidente para rescatar a una ciudadana en apuros, pero seguro que siente como se le eriza el pelo cada vez que se apaga la luz y el colega de al lado le roza el codo con el suyo. Su marido, que ahogado por la hipoteca y el desahucio, ha perdido hasta su trabajo, seguro que, en cambio, se siente víctima irreparable de ese integrismo que hunde su psiquismo en el miedo a la libertad.

8 Comentarios

  1. La historia de Wendi que nos cuenta ja, notable y aleccionadora: una gran democracia puede ser así de imperfecta. Imaginemos ahora lo que puede ocurrir en una no tan grande y mucho más corrompida. El puritanismo yanqui se pasa de ingenuo: prohibir la felatión entre casados, por ejemplo. Pero funciona en los grandes temas nacionales, incluso cuando los rodea el debate.

  2. El tema es delicado. Usted mismo ha alertado aquí más en de una ocasión sobre ciertas permisividades que están dando tan malos resultados. Incluso creo que ha defendido endurecinmiento de penas e inclusión relativa de los menores en la responsabilidad penal común. Ahora bien, entiendo que lo que denuncia es diferente, proque no se para en barras. Y pregunto, ¿no cree que eso era lo que tenía que ocurrir a la vista de este estado de cosas?

  3. No es por llevar la contraria, pero este tío se contradice. (Ahora veran como la vieja sale y se mete connmigo…

  4. No hay contradicción como dice el descerebrado, por supuesto, ni tampoco vemos prpblema en afirmar lo que jagm ha afirmado muchas veces, esrto es, que vivimos una situaciíon de permisividad absurda y peligrosa en extremo. Otra cosa son esos rigores británicos y franceses que vienen a represnetar el salto al otro lado da la balanza. Ni una cosa ni otra. En lo que tiene que ver con el puritanismo amreicano, la cosa es incluso simpática, porque ya me dirán cómo se las arregla la autoridad de esos Estados para “detectar” los usos sexuales de los cónyuges.

  5. No parece que el término medio, de que aquí se hablaba días atrás, tenga buena acogida por esos mundos de Dios. Ni por estos, vamos. Pero esas materias son gravísimas y deben ser gestionadas por los poderes públicos desde la conciencia de que el calvinismo (hoy “en recuperación”, ay de mí) pasó hace varios siglos. Sigue este anfitrión procurándonos temas de rabiosa actualidad y no fácil hallazgo, loq ue siempre es de agradecer, aparte de sus méritos literarios.

  6. No es cuestión de término medio, mi Reverendo, aunque también. Este tema del hiperpuritanismo yanki en cuestiones de la entrepierna y de relajación para otras muchas, es algo que siempre me ha causado espanto. Salvo alguna comedieta, no veo cine americano, o sea que no veo cine -uno que debe gran parte de su mínima cultureta al cine- desde hace mucho.

    Con sus envidiables facetas, como se ha repetido aquí tantas veces, la sociedad americana es terriblemente estricta con el sexto -con el noveno, menos- mandamiento, mientras prácticamente ignora el quinto. Aquellas inocentes (!) películas de vaqueros, alguna tan emblemática, nos proporcionaban unas raciones de violencia, puñetazos, peleas encarnizadas y no digamos las balaceras y las muertes, sin reparo alguno. Sin embargo, los besos del guapito y la guapita eran de una castidad gorettiana.

    Hoy la cosa va aún a peor. Se conoce como películas de acción (!!!) aquellas en que la violencia es el único leit-motiv desde el comienzo al final. Naturalemmente son aptas para infantes a partir de los siete o doce años, salvo que se vea un pezón, se insinúe un pubis o una pacata relación homosexual. Recuerden aquella de no hace tanto tiempo con los dos guapetes durmiendo en la tienda con un bellísimo fondo de montañas.

    ¿Por qué le llaman puritanismo si se trata pura y duramente de hipocresía?

  7. Es una aspiración a la pureza.Y si no la consiguen , como no pueden comprarla, hacen como si…. No, a veces soy mu mala… pero es que estoy de acuerdo: detesto la hipocresía.
    No creo que en Francia lleguemos a cosas así.
    El fichaje de los delincuentes, pues depende qué uso se hace de él. me parece inverosimil que todo el mundo pueda consultarlo, y también que no sea revisable. No es que no tienes que pecar, es que no te tienen que pescar porque sino no hay perdón… tienes que arrastrar tu culpa hasta que te mueras! Qué cristianos más vengativos, Dios! No les han enseiñado que hay que perdonar…
    besos a todos.

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