Una tele privada ha obsequiado en la noche del domingo a su audiencia —“prime time”, claro—con un falso reportaje sobre el golpe de Estado del 23-F en el que han participado de figurantes destacados políticos de la tribu. El golpe habría sido un montaje concertado desde el Rey hasta Garci pasando por todos los capos de los partidos para dramatizar al máximo una situación ya de por sí dramática, como aquella, inflando un globo ansiógeno entre los espectadores más crédulos para, al final, pincharlo y a otra cosa. Menos Tejero, al que habrían comprado ¡por 23 millones! (no se pierdan el símbolo numerológico), todos, hasta los pobreticos guardias civiles que acabaron escapando por la ventana como vulgares rateros,  estaban al tanto de una conspiración de tomo y lomo. Bien, ahora ya saben hasta los lentos que todo era un simple juego para tangar a los pardillos, pero, para mí, fíjense qué curioso, lo único reprobable en ese programa es lo verosímil que resultaba todo, la lógica lubricada que permitía creer que, de hecho, la plana mayor estuviera de acuerdo en contarle al pueblo una de “cuchillos largos” en busca de una catarsis democrática. ¿Por qué no creer en ese plan si sabemos que Armada propuso a Múgica y éste informó a su partido de un proyecto de golpe blando del que habría de salir un Gobierno de concentración nacional, comunistas incluidos? ¿Cómo no se habrían percatado los participantes en la broma de que el pueblo llano, las masas, vamos, creen a pie juntillas que el Rey tuvo, sin duda, “algo” que ver en el pronunciamiento y que los EEUU no le hubieran hecho ascos a un zambombazo bien templado? ¡Nada igual desde que Orson Welles amedrentó a su país emitiendo por la radio “la guerra de los mundos”, con sus platillos volantes y sus invasores (precisamente) verdes!

 

Normal, totalmente normal, cuanto aparecía en la ficción, aunque costara tragarse el cambalache de Tejero o los marrones que se comieron en silencio Milans en su celda y Armada cultivando camelias en su pazo gallego. ¿Cómo dudar de que, de ser cierta la iniciativa, los periodistas entrevistados no se hubieran prestado a seguirla? ¿Y cómo no desconfiar de unos políticos que no han necesitado de semejante vileza para arruinar el prestigio de su clase? Ah, y una cosa más: se me ocurren treinta guiones similares pero en el que los participantes, sin excepción, no hubieran osado colaborar. Después de todo ¿qué es la Verdad? La pregunta de Pilatos, como se ve, sigue en pie.

9 Comentarios

  1. Patricia Sverlo. Un rey golpe a golpe. Lo cierto es que quien salió verdaderamente reforzado de aquella mala noche en una posada radiada fue el señor de la corona. Dicen que dijo a mí me dais lo que sea ya hecho y yo lo firmo. Ni quito ni pongo coma. O sí.

    No vi el tal falso reportaje. Ni sé quién fuera el/los guionista/s. Pero aquella infausta noche no nos la merecíamos. Hay demasiadas palabras enterradas para siempre.

  2. No nos lo merecíamos, en efecto, don Epì, ni es de creer la versión oficial en su totalidad. Ni muchos menos. No me explico cómo profesionales como a los que aparecieron en la farsa no les dio no sé qué de prestarse a un juego tan estúpido. Lo último es tratar de timar al pueblo.

  3. Que yo recuerde, don Paco García, lo que jagm dijo en su columna era que “en la Red corrían rumores” de la conversión de Junquera. Y también daba noticia de una intervención de ese político en la que se declaraba católico. Ese día yo comprobé que en Internet la noticia se repetía, por lo que creo que a lo mejor jagm escribió su comentario sin creer en el posible bulo. Y en todo caso situaba a Junqueras al lado de Garaudy, que no es moco de pavo…

  4. Miren por donde, tratando de un “fake”, otro “fake. Hay que tener cuidado con Internet, esa huerta por vallar, pero desde luego el autor de esta columna nunca afirmó la conversión de Junqueras sino que habló de los “rumores” que crecía en la Red a ese propósito y, en cualquier caso, demostró su interés al consignar una entrevista del separatista en la que se de declaraba católico. Acúsenlo de otra cosa, pero no de “ligereza” ni en la elección ni en el tratamiento de los temas aquí corrientes. Todo lo contrario quizá, pero eso poco importa a quienes la anécdota puede servir incluso de incentivo: ¡Ah, la persecución de que son objeto las almas catalanas desde la perversa Hispania Interior!, etcétera…

  5. Lo que hoy nos interesa no es el culebrón catalán sino la crítica a la broma de mal gusto a la que se han prestado principales actores del teatro periodístico. Hoy Arcadi Espada le da también un buen leñazo a la pobre idea y refiere varios precedentes ilustrativos (en uno, el de Orson Welles, coincide con jagm) y es que hay cosas con las que no se debe jugar. Una de ellas es, sin duda, la opinión del ciudadano de a pie.

  6. jajaja, como escriben nuestros retoños. El anfi es un guasista consumado y me juego lo que sea a que nunca creyó en lo que, por cierto, nunca afirmó, sino que comentó como un rumor en la Red. NO creo que le quiten el sueño los truenos del separatismo. Y si ha sido capaz de despertar la ironía de Junqueras, ¡alabado sea Dios!, Alá o Jehová, el que sea, pero alabado.

  7. Tío, don Epi, échanos una mano, di algo sobre el “pleito catalán” que nos acaban de plantear. Ay, Dios, que cosas. Lean el artículo de referencia, el de Oriol Junqueras, y verán cómo estiran lo que jagm dice textualmente. Don Epi, lo dicho, entre a saco con su fina ironía.

  8. Estoy conforme con que el programa criticado fue una vergüenza. Me asombran los personajes que se prestaron a la bufonada. Y como dice don ja en su columna, ni se habrán dado cuenta de que han echado lecha a un fuego viejo y medio apagado por el tiempo. ¿Quiénes se creen que son para gastarle esa broma al pueblo soberano? La última pulla del autor es estupenda: habría otras versiones, muchas, que no habrían sido secundadas.

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