En diversos medios americanos y europeos compruebo la audaz operación del entorno de Bush de tratar de apuntarse el tanto de las actuales revoluciones árabes, según ellos probable consecuencias del disparate de la invasión de Irak. ¿No serán todos estos movimientos la consecuencia del ataque a Sadam Husein?, se preguntan capciosamente esos pretorianos, que pretenden presentar aquella invasión como el pistoletazo de salida de un movimiento democratizador de amplio alcance. Las reacciones no se han hecho esperar, como era lógico, incluyendo desde las que parten del fracaso pleno de la aventura de Irak y denuncian le calamitoso estado del país en este momento, hasta quienes arguyen que las revoluciones a que estamos asistiendo atónitos estos días no son consecuencia de ningún estímulo exterior sino efecto de variables endógenas, como lo demostraría el indecible despiste de las cancillerías occidentales, comenzando por esa embajada yanqui en Egipto, completamente despistada a pesar de que mantiene en El Cairo nada menos que mil seiscientos funcionarios. Y en fin, ahí están también los objetores que alegan que es muy pronto aún para saber a ciencia cierta qué es lo que van a dar de sí estas convulsiones locales, que son, por otra parte, tan diferentes en Túnez o en Trípoli. Hay una grave diferencia entre imponer la democracia por las armas –como implicaba el alocado el plan de Bush y sus aliados—y apoyar procesos emancipatorios surgidos de los propios pueblos oprimidos de los que –ésta vez sí– cabe esperar una razonable posibilidad éxito popular. La propia actitud dubitativa de las democracias occidentales ante el conflicto y guerra civil abierta en Libia prueba que los proyectos democratizadores del llamado “mundo libre” van muy por detrás de las circunstancias. Gadafi actúa con tanta tranquilidad porque conoce bien el paño. Qua a los otros no les haya dado tiempo a zafarse del lazo no prueba nada.

 

Nadie sabe en este momento si la hora del cambio –la salida del Islam de su Edad Media colectiva– ha llegado ya o estamos simplemente ante sucesos que, pasado el remolino, permitirán a las aguas tradicionales volver a sus cauces. Lo que sí sabemos, en cambio, es que en ese mundo no se acepta ni en broma la injerencia extranjera y la imposición de un sistema de organización social por completo ajeno al de su milenaria tradición. Y tampoco estamos seguros de qué podría ocurrir en esa región si los tiros de la escopeta revolucionaria les salieran por la culata a sus simpatizantes oportunistas. ¿Alguien prefiere una Libia tribal a la dictadura de Gadafi? Esa pregunta vale hoy, seguramente, mucho menos que mañana.

5 Comentarios

  1. Lleva razón en que no hay hoy por hoy ninguna hipótesis segura sobre lo que salrá de esas revueltas que han demostrado o que los servicios secretos con cómplices o que no sirven para nada. La prh¡gunta final me deja de lo más intranquilo. No me la esperaba en jagm, francamente, y por eso mismo me ha dado que pensar.

  2. La morisma ée lo que ée que diría uno de Almería. No sabemos si las fuerzas dominantes al final serán las de los jóvenes que usan móvil o internet -tampoco hay que esperar milagritos de ellos, hermanos…- o se impondrán, como en Afganistán y alrededores, los señores de la guerra, de las amapolas y del AK.

    Ellos rezan a su Alá. Si una conservara un mínimo rescoldo de fe, también me encomendaría al Dios más misericordioso. (Que también tiene ya una edad y parece que no usa audífono).

  3. Nada tienen que ver estos revuelos imprevistos con la locura de Bush y su socios. Si caso todo lo contrario, porque el mundo árabe está hoy mucho más predispuestos contra el Occidente democrático que antes de que lo arrasára éste con mobas y misiles.

  4. Esa pretensióin de la gente de Bush no merece más que el desdén. ¡Hay que ser insensatos, encima…! Lo que ocurre en estos momentos –todavía, me parece a mí, muy verde– es, como bienn dice la columna, cosa diferente de una «imposición de la libertad», figura que siempre me ha parecido sin sentido y cuyos resultados están a la vista en Irak o en Afganistán.

  5. Es la prensa europea más que ninguna la que ha lanzado esa idea atribuida al pretorio de Bush, pero yo ni siquiera me la creo, porque me cuesta admitir que fueran tan idiotas. De todas formas, es interesante distinguir como se hace entre la imposición de la democracia a países cuyas culturas ignoran su fundamento y la posible instauración de un sistema libre de gobierno en esos países hasta ahora oprimidos. Hoy la TV, el Internet y demás hacen imposible aislar a los pueblos que es lo que siempre ha convenido a las dictaduras y es posible que igual que en el África profunda se bebe Coca-Cola con fruición y se visten camisetas del Barça o de quien sea, también se produca el cambio político antes de los previsto. La Edad Media no es compatrible con la información y menos con la información universal e instantánea. Los Gadafis pueden ganar batallas pero perderán una guerra que, por desgracia, no será la última que deba librar la Humanidad.

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