Es comprensible que el lector albergue cierta desconfianza sobre las tarifas aéreas baratas que está revolucionando el turismo de nuestros días. Es lógico del todo que no se fíe demasiado de un servicio del que los usuarios cuentan y no acaban en torno a informalidades, estrecheces, retrasos y extrema parquedad de las atenciones al cliente, y sobre todo que no las tenga todas consiga tras un episodio como el de la quiebra reciente de alguna de esas compañías “low cost” entre cuyas proezas se contaban –dicho sea sin ánimo de estragar a los hipocondríacos– paros de motores en pleno vuelo y cosas por el estilo. Lo que no está nada justificado, sin embargo es que semejante escama se contraponga a la garantía que, en principio al menos, parecería que suponen las compañías caras, esto es, las “high cost” de líneas regulares cuyos precios verdaderamente estelares justificarían de sobra la presunción, pero que, en la práctica, demuestran diariamente a sus millones de clientes panolis que el peso de su competencia con las compañías baratas han de pagarlo ellos de modo y manera que en la cuenta de resultados se refleje sólo el brillo de una gestión. Es verdad, ya digo, que el espacio hábil de que dispone el viajero en los vuelos baratos es mínimo pero fácil resulta comprobar en qué medida agobiante ha ido disminuyendo el suyo el negocio convencional. Hoy el viajero mimado de los viejos tiempos recibe un trato pecuario desde que llega al mostrador, es acoplado en otro vuelo cuando conviene a los providentes gestores, ha de viajar aislado cuando a éstos les conviene, verá suprimido el tradicional obsequio aperitivo a cambio de un “catering” escandaloso y no es probable que reciba otra prensa que el papelón propagandístico que edita la propia empresa, a salvo los elegidos de clase ‘business” reservada al olimpo, y siempre en proporción inversa a la actitud crítica de los periódicos con el Gobierno. El detestable servilismo de los viejos tiempos ha sido sustituido por una actitud de rotundo desdén por el viajero que expresa mejor que nada la sonrisa estereo de la azafata cuando en un vuelo atestado que cuesta un riñón le dice a uno, con su mijita de guasa, que elija el sitio que prefiera… Y dese con un canto en los dientes si al llegar a destino recupera con normalidad su equipaje, porque en el frecuente caso de extravío habrá de soportar la dura experiencia de la soledad burocrática como última prueba. El tráfico aéreo es ya hoy pura conducción de ganado. Empieza uno a explicarse el éxito de los chollos de Internet.
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Si el turismo es tal vez, como se ha repetido, el hecho más característico del siglo XXI no se comprende la inhibición de los controles públicos sobre una actividad que afecta a millones de ciudadanos en circunstancias ciertamente no poco extremadas. No se entiende por qué las compañías han de ser juez y parte, además de penúltima instancia, en sus contenciosos con los paganos, qué razón puede justificar que dos vuelos se acumulen en uno en beneficio de la empresa pero en perjuicio del cliente, que el exceso de pasajes (o la escasez de aeronaves) se solucione con interminables retrasos o que el silencio hermético sea la estrategia habitual ante las incidencias aeroportuarias. Hoy el ciudadano que acude a diligenciar su vuelo debe apear su dignidad con la esperanza de que la simpatía graciable del empleado mitigue su calvario. Aunque es una gran verdad la observación del presidente Des Brosses sobre el hecho de que, tras el viaje, el sufrido viajero tiende a retener tan sólo la memoria grata de lo vivido olvidándose de las gurumías infligidas por mesoneros y postillones. Lo que se me escapa es la razón por la que seguimos manteniendo el prejuicio que favorece a Iberia, pongo por caso, frente a negocios que te ofrecen idéntico servicio  por la décima parte del coste. El “low cost” nos inquieta todavía pero ignoro por qué le damos tanta cancha al “low service”.

20 Comentarios

  1. Bienvenido, amigo ja, y bienhallado en esta requisitoria de viajero cabreado con Iberia. Todos nos sentimos identificados, puede estar seguro.

  2. Pués como viajo poco en aeroplano, les voy a relatar la escursión de ayer.

    Salí de Lérida, -Lleida en catalán-, para la presa de Mequinenza. Había pasado varias veces cerca pero nunca visitarla.
    Una de las grandes construcciones del franquismo que almacena más de 1.500 Hc.3 de agua del río Ebro.

    Compramos fruta en uno de los muchos distribuidores para mayoristas que en ocasiones venden a turistas.
    Dos cajas de melocotones a 0.90 cm. € kg.. Interesante charla con el mayorista y productor que dijo que como productor le pagan el kg. a 0.30 y llega al consumidor rozando o sobrepasando los 2 €.

    Esta tarde de nuevo en casa.

  3. Comparto con l’Abbé mi poca afición a volar. No llegan a veinte mis horas de vuelo, y al menos en tres de esos saltos de gañafote (saltamontes, en mi pueblo) tuve problemas de diversa índole. Ni en chárter ni en vuelo regular quedé satisfecho. Cuando no quede más remedio, po fale. Que te maltraten, fale. ¿Pero pagando? ¿Ama estricta y rigurosa. Cuero y látigo?

    Me quedan pocos años al volante -la espalda, la vista y todo eso- pero por lo mismo me he comprado carro nuevo. En lo que va de verano he subido y bajado, y vuelto a subir al norte. Cada vez por rutas distintas, con lo que me permito amanecer en Grândola, en Salamanca, en Arévalo, en Santarem, en Segovia… 500-600 kms. al día es mi tope.

    Echo, eso sí, de menos unos ferrocarriles dignos del siglo XXI. Bajo mi ventana pasa varias veces al día un feve, que bien podría ser del XIX. El horizonte del AVE gallego es el 2020. Para entonces estaré calvo de toda calvicie. En otros sitios ni está ni se le espera. Si el Circun miente hasta contando lo que cenó anoche, con la Maleni no iría ni a repartir una herencia de un tío común, podrido de euros.

    (Sin ofender: Alguien me ha dicho que una aeronave contamina más que veinte autobuses haciendo la misma ruta.)

  4. Port obligación, vuelo más de lo que quería y me gustan estos varapalos a las “operadoras” comlo Iberia, cada díz más nacional-sindicalistas, más caras y más carotas. Mal debe de haberle ido al jefe para volver así de Venecia. Peor.

  5. Con la Meleni de ministra, LadyAviaco, a ver qué se puede esperar. Aunque bien pensado, peor que el tráfioc aéreo va la Renfe y ahí la tienen, tan tranquila (a la ministra).

  6. Díganos doña Marta Sicard si le afecta en algo la presencia de ETA en su región francesa. Nuestra adhesión en cualquier supuesto.

  7. ¿Alguien puede decirme cuántos vuelos gratis total hizo Magdalena Álavrez,m su marido y sus hijos mientras fue consejera de Aviaco? Lo agradecería, porque he visto piblicadas cifras distintas.

  8. Estas cosas le pasan, amado jefe, por viajar caro. Lo que nbo quiere decir que le quite la raz´çon que le asiste en cuanto dice hoy. Me quedo con la pregunta de por qué no interviene el Poder, el Gobierno, en un asunto que concierne a tantísimos ciudadanos.

  9. Igual me dijeron ‘ciento veinte autobuses’. Está uno un poco sorda.

    Pasa como con el agua: ‘meta una botellita en la cisterna, dúchese poquito, ese grifo que gotea…’ El 80% del agua dulce la gasta Expaña en regar, y en un poco más de un mes he visto regar a manta, con acequias romanas o árabes, por inundación. Y en Almería se hace gota a gota. Hidropónico, con perdón. Ese 20% de uso ciudadano, pierde hasta un 40% del mismo por fugas, conducciones en mal estado, tuberías de siglos, roturas que se tardan días en reparar.

    En la Andalucía de los 40º a la sombra, en glorietas de tráfico, en parques públicos, en jardines privados hay millones de metros cuadrados de césped cuyos periquitos giratorios no dan abasto. ¿Es esto Irlanda o Escocia? ¿Sembrarían melones en Laponia? ¿Dónde los greenpeaceros de turno, dónde los ecoverdepacifistas clamando por tanto despilfarro? ¿Y qué me dicen del avión de Faro pa mi Arfonzo, pa que mi Sonsoles vaya a Harrod’s, o para que mi don Juanito vaya a comerle la boca a los chinitos, balato, balato?

  10. Querido don Gruyo, déjeme el sitio de don Gramático para corregirle, por una vez, la planilla, ya que hidropónico no es el laboreo gota a gota que ha vuisto usted en sus periplos sino el cultivo de plantas en sustrato hídrico (no sé qué dirá Wikipedia, pero ahí está), aunque la confusión es muy frecuente. Tómelo a amistosa puntualización enviada desde los altos del Conquero, usted y otros del blog me entienden.

  11. Acabo de llegar de EE Unidos, en vuelo “low”, me han dado la vuelta por Viena pasando por Groenlandia… ¿High o low, jefe? Me parece que da igualm entre otras cosas porque cada dóia estoy más convencido de que el negocio es de los mismos.

  12. ¡Nosotros esperando las “venecianas” habituales de jagm –luces, neblinas, canales misteriosos, la sombra de lord Byron– y el jefe descolgándose con un desahogo contra Iberia! No pierdo la esperanza de que en días sucesivos nos llegue algún que otro recuerdo de la Venecia profunda que él ha demostrado concer a fondo aquí otras veces.

  13. Se equivoca el señor gm. Tan incómoda es la línea “regular” como la de bajo coste. Personalmente sé lo que digo, en este caso, porque viajo a esa ciudad –por sistema– con billete sacado en Internet. Le aconsejo que haga lo propio. Como usted mismo dice, total, peor no puede ser…

  14. También yo he soportado con paciencia hace pocos días el suplicio de Iberia, esa compañçia en la que sólo hay algo más importante que usted y es el avión, según la publicidad antigua. Yo creo que vamos al modelo americano de transporte aéreo generalizado y, por consiguiente, más barato pero menos exquisito. Los tiempos pasados a los que el jefe se refiere, cuando el viajero era mimado por la empresa (¡hasta te daban una mantita en “primera”) no volverán. Todo toene sus ventajas y sus inconvenientes.

  15. Gracias, mi don Beturia, pues uno está dispuesto siempre a aprender. Tengo entendido que en Almería se usan ambos sistemas, que efectivamente he reflejado como sinónimos.

    La wiki, no gasto. Gracias.

  16. Leo atentamente el razonamiento de nuestro Ropón pero concluyo que eso no desvirtúa el que hace jagm en su columna: ¿por qué pagar más para recibir igual o peor trato? La democratización del transporte aéreo no tiene por qué implicar –como implicaba en la URSS de los viejos tiempos–un trato que muchas veces es incluso vejatorio, a pesar del desmesurado precio de los pasajes.

  17. Me alegro con su vuelta, don jefe, estoy en la playa pero me daré una vuelta algunas tardes para leer lo que se dice.

  18. Me preocupa más hoy (ya se dijo antes) que en la tierra de doña Sicard, en Angoulême, anden haciendo de las suyas los marrajos de ETA, aunque confío en que para nada la afecte ni a ella ni a su familia. Bienvenido al infierno, ja, y gracias por contribuir a guiarnos por él.

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