Cuatro agentes de la pelea contra el narcotráfico –6.000 delincuentes detenidos en los últimos veranos, 40 millones  y astronómicas cantidades de droga intervenidos—han pagado el servicio con su vida. ¿Cuántos delincuentes a cambio? Creo que ninguno, y eso habla por sí solo de la ejemplaridad de las tantas veces heroicas operaciones. A aquellos y a los suyos se les debe un reconocimiento especialísimo pero también resulta imprescindible que, desde el Poder, se acabe entendiendo que no habrá paz posible en tanto no se suprima la calamidad económica de la costa del Sur. No es extraño que haya pueblos en ella que reclamen su cantón ni explicable la pasividad política ante el drama diario que en ellos se vive. El paro es el huevo de esa serpiente. Es a ésta a la que hay que eliminar.

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