En varios países americanos, singularmente en Colombia, el tema del secuestro a manos de las FARC se está convirtiendo en un pingüe negocio editorial. Se suceden las ediciones testimoniales de ex-cautivos que narran su experiencia en ediciones que superan con mucho la media de las habituales en la región, hasta el punto de convertirse, en ciertos casos, en libros inencontrables y objetos de mercadeo por parte de una suerte de lonja clandestina del libro que funciona con éxito. El último de ellos es uno, escrito a tres manos por otros tantos supervivientes de los campos, que centran su atención en la celebrada figura de Ingrid Betancourt, cuya aceptación en los países libres es cuestionada por los autores, dispuesto a destrozar el mito de esa liberada de oro que ellos describen como una mujer dominante, altiva, insolidaria e incluso, llegado el caso, hostil a sus propios compañeros de cautiverio, de los que se habría sentido separada por un duro complejo de superioridad. Nada podrá desvelarnos, como es lógico, dónde está la verdad del cuento, si en la carita de ángel de la Betancourt y su algo empalagosa correspondencia (“Cartas a mamá desde el infierno”), o en el encrespado alegato de esos memorialistas dispuestos a derribar sin contemplaciones el ídolo de barro en cuya imagen Occidente ha pretendido con éxito simbolizar y rentabilizar la tragedia de la sociedad colombiana. Nunca sabremos la verdad, ya digo, o al menos, es bastante improbable que consigamos una versión del todo convincente de lo que ocurre realmente en la selva bajo la tiranía de esos narcoguerrilleros. Ni siquiera cual fue el papel de la Betancourt, a pesar de las propagandas.

En pocas épocas ha resultado tan fácil la fabricación de héroes como en esta dominada por la férula audiovisual, en ninguna tal vez entronizar de la noche a la mañana a un personaje sin la menor posibilidad de comprobación de sus méritos. Y en cuanto a la Betancourt, la verdad es que en los medios próximos se advierte un intenso y creciente rechazo basado en la crítica de sus actitudes durante y después del secuestro. Cuesta imaginar a la “princesa”, como la llaman con sarcasmo algunos de sus críticos, sisando comida, apropiándose de los pocos libros existentes o negando a los demás la información de la única radio sospechosamente no requisada por los verdugos. Pero eso es lo que andan diciendo por ahí mientras ella y su entorno guardan un significativo silencio. Nunca fue tan fácil edificar prestigios como en la era televisiva, pero a cambio nunca fue tan sencillo derribar mitos. Echen una mirada a ese “Out of captivity” de los tres liberados, por ejemplo, y verán lo que es bueno.

17 Comentarios

  1. Si les digo la verdad, nunca me ha entrado por el ojo esa señora, demasiado ingenua, demasiado dulce (empalagosa, sí), demasiado demasiado. ¿Qué fue de su marido, por cierto? ¿Es cverdad que uno de los que la critican ahora fue amante suyo en la selva? No sé, pero me da que la dama es toda una pieza, bien respeentativa de la “façon” burguesa.

  2. Siemnpre es difícil juzgar a las personas que han atravesado situaciones límites, y límites es el campo de concentraicón en medio de la selva. Em ese sentido, hemos de presumir generosamente que todas ellas son personas desgraciadas que ha sufrido y que al volver a la libertad es lógico que se desmanden un poco… No sería duro con madame. Lo que no supone poner en duda los testionios de los que da noticia ja.

  3. A uno, que se ha criado a las bravas, le dan en la nariz enseguida est blufs, y conste que no lo digo por seguir la corrientes del artículo, sino proque tampoco a mí me convence la madame modosa y elegante.

  4. Las fotos de la selva mostravban una Ingrid Betancourt demacrada, enferma, incapaz casi de sostenerse, no sé si lo ruerdan. Y fue poner pie ne el aueropuerto, ya libre, y aparacer una señora elegante, más tranquila que todo, poco clara en sus criterios políticos. Si es verdad que ha sido insolidaria si ha mostrado talante dominador, no me extrañaría.

  5. No tienen más que las afirmaciones de unos que han escrito un libro y quieren venderlo. ¿Cómo se atreven a poner en duda la honorabilidad de una víctima por el mero hecho de ser una “dama elegante”? me pareec injusto e impropio de este blog y su autor.

  6. Si hemos leído bien, señor Pope, jagm no duda de nada, se limita a contarnos lo que dicen otras tres víctimas, una de las cuales, en efecto, según parece, mantuvo con ella cierta “relación sentimental”, que claro, no aparece en sus melosas cartas a mamá. Por lo demás, he leído el libro en cuestión (lo encontré en Argentina) y me parece un testimonio bastante sosegado.

  7. Mucho héroe-víctima resulta descuibierto por el tiempo o los testimonios. Recuerden al héroe, creo que era del campo nazi de Mathausen, que daba pelos y señales de todo y se hartó de dar charlas recordando aquel infierno que él no había visto más que en los papeles. Esto es frecuente, lo cual no implica desconfiar de los que sufren ataques a su libertad y a su integridad, nada de eso. Personalmente, no jamo a la señora, mentiría si dijera otra cosa, pero reconozco que la “impresión” puede ser mala consejera.

  8. Hay habido muchos liberados y hubo y hay muchos sceuestrados por las FARC que ni de lejos han tenido la publicida de la Betancourt, debido sobre todo a su condición de francesa a medias y a la oportunidad que para Sarkozy supuso su defensa. Sí, yo también creo que entre todos han exagerado mucho la nota.

  9. Siempre ocurrió lo mismo a la hora de valorar los sacrificios políticos: que unos se olvidan y otros se llevan los laureles. Piensen en la democracia española y la miriada de “clandestinos” que no dieron la mínima muestra de insumisión bajo Franco pero que ahora van por ahí como antiguamente iban los “mutilados” y “excombatientes”.

  10. Ni idea. Sólo sabría decir que su estilo no me gusta, pero eso nada significa: a ella puede que no le gustara el mío. ¿Le ocurre al autor de la columna lo mismo? Un libro citado no basta para proponer una descalificación.

  11. Me gustaría leer ese libro. Dudo que unos liberados se dediquen a difamar a otras, y parece que los datos que ofrecen son bastante concretos. Sí, sería interesante conocer qué ha ocurrido con el marido, que al principio salía el hombre todos los días, y ha desaparecido del mapa. En las reclsiones la gente cambia mucho, y no es de extrañar que la Betancourt también haya podido sufrir esos efectos.

  12. Ni una palabra sobre los secuestrados sin nombre. ¡Y hay miles de ellos! Hum, todo esto huele, efectivamente, a montaje por todas partes. Incluyendo a la presidencia de aquel proceloso país…

  13. Demasiado “savoir faire”, hay que reconocerlo. Sin ningún prejuicio tampoco a mí me extrañaría que fueran ciertas esas acusaciones de elitismo que parece ser que le hacen a madame Ingrid sus compañeros de cautiverio.

  14. Nos quedamos con la aguda observación de Observador. La columna, por otra parte, es de lo más discreta.

  15. Ni caudillos, ni heroínas, ni gurús, ni adalides, ni mártires, ni personajes insignes, ni paladines, ni grandes timoneles, ni capitanes intrépidos, ni padres preclaros, ni madres ejemplares.

    Cuánto mejor el ordinary people, esa gente que cada día cumple con su humilde y digno deber.

  16. Estoy con doña Epi y con el espiritú del artículo: qué facil es pasar de un extremo al otro y de tirar a la basura lo que ayer se había adorado!

    Pues a mi sí me caía bien la señora,…y tampoco veo porqué creer más a estos nuevos testigos que a los otros anteriores, que también los hubo…
    Sí, ya sé, me van a tachar algunos de ingenua y tambien de burguesita. Quizas sea todo una trola y un montage pero porqué no creer que esta señora, como todo el mundo, tuvo momentos de debilidad, de egoismo, y de insolidaridad: no puede uno ser heroico 360 dias del año 24 horas al día. También una, por muy burguesita,modosita y elegante que parezca, puede tener sus defectos , y sin embargo ser una persona estimable y hasta admirable ¿no?.
    No sé si yo hubiera sido capaz simplemente de sobrevivir en las condiciones en que ella vivió…Y me parece una falta de elegancia si uno de ellos fue su amante , el venir a jactarse de ello ahora publicamente. Hay situaciones que excusan muchas cosas.
    En cuanto al silencio de la señora, si estuviera en su puesto, haría lo mismo: ¿a qué molestarse, si de todos modos el mal no tiene remedio?
    Besos a todos

  17. es que hay secuestros y secuestros, el de esta señora para haber sido distinto. un saludo Don Jose Antonio

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