Hay que ver la que traen con la memoria unos y otros esta temporada. En un congreso convocado por el propio Vaticano, a propósito de cuatricentenario de Galileo, ha vuelto a resurgir la vieja polémica que creíamos zanjada por la honorable rectificación del papa Wojtila, justo la misma semana en que se ha hecho pública –sin que nadie, que yo sepa, lo haya reclamado nunca—el perdón de la Santa Sede a John Lennon por la famosa frase en que, hace casi medio siglo, osó comparar a su grupo con Cristo. Parece que reaparece la cuestión de los “perdones” que la Iglesias habría de pedir por los errores del pasado, errores gravísimos, sin duda posible, pero que es curioso que nadie exija a la descendencia de Calvino, pongo por caso, tan implacable perseguidor de discrepantes y científicos ni integrados. El lío viene esta vez del reconocimiento por parte del director del ‘Observatorio Vaticano’ de que, a pesar de aquel importante gesto pontificio, “quedan aún abiertas heridas” dolorosas por el famoso incidente, sobre todo si se tiene en cuenta, como recordaron los reventadores de la proyectada visita del actual papa a la universidad de La Sapienza, que éste, siendo aún cardenal y Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe (es decir, de la nueva Inquisición), habría dicho en la misma universidad en 1990 que “en la época de Galileo, la Iglesia permaneció más fiel a la Razón que el propio Galileo y que, en consecuencia, el proceso contra el sabio fue racional y justo”. Ha sido inútil, curiosamente, que desde múltiples ángulos, se haya precisado que esa frase no era más que una cita de Feyerabend con la que el entonces cardenal quiso recuperar la noción de ‘paradigma’ y el hecho, cierto, de que esos moldes mentales cambian con brusquedad, por cierto tras una amplica referencia al filósofo marxista Ernst Bloch, uno de los primeros en revisar la leyenda ‘ilustrada’ del célebre proceso. Dice hoy la Iglesia que le papa Urbano no condenó nunca personalmente a Galileo, un profundo católico que sabía distinguir entre razón y fe, como también se ha reconocido en este simposio. Lo de Lennon ha sido más fácil. Lo de Galileo va a costar Dios y ayuda recomponerlo en su justa dimensión.

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Es curiosa la efectividad de este tipo de “heridas” si se las compara con la indiferencia con que se contemplan las que deberían seguir sangrantes en otros ámbitos. Es pronto, por ejemplo, para hablar con perspectiva de la carnicería perpetrada entre chiíes y sunníes, aunque quizá no tanto para esperar que un buen día los herederos del Imperio británico asuman un pasado que tal vez merece una ‘leyenda negra’ similar a la que gravita sobre el español, por no hablar del alemán, el francés o el belga. Los EEUU perpetraron un genocidio perfectamente diseñado que esquilmó a la población amerindia –es más hicieron de esa barbarie una especie de etopeya–  hasta reducirla a discretos grupúsculos ideales adecuados todo lo más para decorar el paisaje y entretener el turismo, y no cabe esperar ni locos que alguna vez se le pase por la cabeza a sus dirigentes y menos a aquel pueblo soberano pedir perdón por tal masacre. Y es que la memoria rara vez es justiciera –¿o acaso en La Sapienza no sabía nadie que el párrafo en cuestión era una cita, por lo demás, bastante adivinable, de Feyerabend?—y nunca cuando se ejerce desde el rencor o, como en este caso o el de alguno que tenemos más cerca, también desde una ignorancia, más o menos voluntaria, poco interesada en averiguar la verdad. No entenderé nunca el interés de esos debeladores de Roma por recurrir a tanto ejemplo arcaico que, en definitiva, acaba sirviendo de cortinas de humo tras la que ocultar ciertas obcecaciones actuales no menos censurables. Feyerabend, y no Ratzinger, lo que decía, en resumen, es que no es correcto juzgar hechos ignorando el paradigma en que se insertan. Hay frases de Bloch que, aisladas de si contexto, dejarían en pañales a Ratzinger.

4 Comentarios

  1. Otro Bloch, Marc, dijo que la incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado, como igual de vano esforzarse por comprender el pasado si no se sabe nada del presente. Lástima que la sinrazón (o la cerrazón ideológica) acabara con él, como con tantos otros sigue acabando.

  2. Es difícil acertar con ese punto en que ni se puede caminar con la cabeza vuelta hacia atrás, ni hacerlo como si el pasado no existiera.

    Pero hay quien vive de crear motivos de discordancia y pescar en esas aguas revueltas -y qué pesquera!- sin pararse en considerar cuántos damnificados van quedando en las cunetas.

    Igual que hay quien convierte las palabras en objetos hirientes y arrojadizos, está esa otra forma de manipular la historia, la pretérita y la presente como apunta el sr. JUkes, para acumular riqueza-poder.

  3. Ningun estado a la hora de o persona a la hora de hablar sobre lo que los demas deben o no deben de hacer, ha de examinarse sobre si mismo y su pasado con un critico autoexamen de conciencia para valorar su propia historia. Un saludo

  4. A fuerza de mirar para atrás, se paraliza la sociedad. Si nos ponemos a condenar cada acto y cada elección pasada, ya nadie se atreve a tomar ninguna iniciativa. ( Un ejemplo actual es la polémica sobre lo que conviene hacer con los sin techo en pleno invierno: si se les deja fuera mueren de frío, pero cuando se ha hablado de obligarles a meterse en los refugios dicen que no quieren porque hay piojos y agresiones Entonces ¿Qué hacer?) Siempre me han hecho gracia esas condenas perentorias de los actos de nuestros antepasados. Nuestras obras son perfectas , sólo obedecen a la mayor limpieza y generosidad.

    Besos a todos.

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