Está muy bien que la consejera de Obras Públicas  (PSOE) se disculpe por haber borrado de la foto oficial al alcalde de Málaga (PP), por el procedimiento elemental del “fotoshop”. No lo está que trate de minimizar el disparate reduciéndolo a un inverosímil incidente “fortuito” tan imposible de creer que no hace falta insistir en el tema. Sin salir de Málaga –aunque se podría para ir a Jaén o a otras provincias—las Administraciones que dice la consejera que han de actuar concordes han perpetrado acciones semejantes no pocas veces, incluso recurriendo a engañar al alcalde citándolo tarde a la cita. No, no es casual ni fortuito que un funcionario se aplique a borrar una imagen de una foto como los maquilladores de la prensa del corazón se dedican a eliminar arrugas y patas de gallo. Al contrario, es evidentemente deliberado, fruto de una estrategia diseñada y puesta en práctica, a la que la consejera no ha hecho más que plegarse. A estos extremos de ruindad hemos llegado en la política andaluza y no hay indicios de que la que se avecina vaya a ser mejor.

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