La crisis, con su profunda catársis, está sacando a flote lo sublime y lo canalla que encierra la condición humana. De un lado, la noble abnegación de grandes colectivos que, como el sanitario (pero no sólo él) se juegan la vida abnegadamente luchando contra la tragedia. De otro, esa basura cobarde que, al amparo de las llamadas “redes sociales”, difunde incansable bulos tan estúpidos como peligrosos, cuando no tiene la audacia de intentar colapsar el sistema informático de los hospitales. Héroes y canallas, las dos hijuelas de lo humano que la tempestad va dejando a la vista en la orilla de la experiencia. La sociedad debería ir pensando en generosas recompensas para aquellos y severos trallazos para la garduña cruel que vivaquea camuflada en el laberinto de esa peligrosa Red.

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