Por torpe que sea el ministro y por decidido que tengan los políticos la escasa rentabilidad electoral del gasto en Justicia, todo indica que ha llegado la hora de salir del nirvana y tomar medidas razonables, no en favor de los jueces y funcionarios, sino de los contribuyentes que hoy por hoy se desesperan en los Juzgados. La actitud de unos y la huelga de los otros deben ser interpretadas como una queja legítima de unos servidores públicos abandonados de la mano de Dios, a los que está desacreditando esta penuria insuperable tanto como la ingerencia intolerable del Gobierno y de los partidos. Los jueces no deben ser ni más ni menos responsables que los demás funcionarios; los políticos, en cambio, deben serlo también como unos y otros. Cada cual tendrá su responsabilidad concreta, pero a Mari Luz no la ha matado el juez Tirado ni su secretaria sino el caos organizado por la Junta y el Ministerio desde hace muchos años. Eso es lo que vinieron a decir ayer unos y otros, desesperados ante la indiferencia estatal.

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