¿Pueden los jueces y magistrados echar el cierre y declararse en huelga de brazos caídos en demanda de los que creen sus elementales derechos? El Ministerio y el CGPJ (o sea, prácticamente lo mismo) dicen que no, pero ellos –que no son legos– afirman mayoritariamente que sí, que los únicos colectivos excluidos del ejercicio de ese derecho fundamental son el Ejército y los cuerpos militarizados. La explosiva situación de la Administración de Justicia no ha sido provocada por algún caso clamoroso como el de la niña Mari Luz, pero sí es cierto que ese caso ha servido para iluminar de plano un ámbito por lo general desconocido y, de paso, para colmar la paciencia de unos jueces que carecen, de hecho, de derechos laborales y cuyo asociacionismo lleva desde sus inicios la marca de Caín, pues nadie informado ignora que los dos grandes colectivos de jueces están al servicio de los dos grandes partidos, circunstancia que cierra el círculo de hierro de una situación indecente en la que el retraso es ya algo asumido como normal, hasta el punto de dejar pendientes de resolución cada ejercicio nada menos que tres millones de asuntos, a pesar de que la gran mayoría de los juzgadores cumplen fielmente y aún supera en gran número la tarea de mínimos marcada por ese CGPJ. Por eso la llamada a la huelga del próximo18-F (si antes no se llega a un acuerdo en la cumbre madrileña del 12 de Enero) no es apoyada por Jueces para la Democracia (JPD) ni por la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), ambos representados en régimen de privilegio absoluto en el órgano rector, pero sí, al parecer, por una sensible mayoría de esa mitad de los jueces españoles que no están asociados sino que van por libre, desanimados por una politización cuasigremial a la que se debe en gran medida la politización de la Justicia. Tengo para mí que la mayoría de los eventuales huelguistas irán al paro motivados sobre todo por la aspiración a ver reconocido ese derecho fundamental pero también porque hay que reconocer que la indiferencia electoralista del Poder (de este Gobierno y del anterior) ha creado una circunstancia realmente insostenible. Así no se puede seguir. Meterse en discusiones erísticas sobre ese derecho del juez no deja de ser apostar por el colapso a corto plazo.

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Una intensa presión mediática, respaldada por el Poder, ha erosionado no poco el prestigio de los jueces, cuyos errores y dilaciones han sido publicados a bombo y platillo. Aún así, cualquiera comprende que –demagogias aparte—lo que no puede ser es que el juez no sea el jefe de la oficina judicial, constituida por un secretario que depende del Ministerio y de unos auxiliares que no responden más que ante la Junta. Quizá por eso el movimiento en cuestión esta siendo visiblemente espontáneo y no asociativo, y quizá por esa misma razón el Gobierno ve con mayor inquietud una protesta que de sobra sabe que está justificada. Por lo demás, hay varios precedentes en países europeos (Francia, Portugal, Italia) donde los jueces se han manifestado en huelga e incluso han ganado el pulso y, en España, ocho ce cada diez magistrados del Tribunal Supremo respaldan el movimiento al tiempo que denuncian con una energía nunca vista hasta ahora la intolerable ingerencia del Gobierno en el ámbito judicial. No es posible mantener el criterio electoralista de que la inversión en Justicia no es rentable para el que aspira al Poder ni mantener a personajes con una función social tan decisiva maltratados laboralmente, desposeídos de autoridad dentro del propio Juzgado y, por si algo faltaba, con una m mordaza bien ajustada. Con el agravante de que la mediación del CGPJ no resulta válida en la medida en que sus miembros son, sin excepción, mandatarios de los dos grandes partidos, el que gobierna y el de la oposición. El 18-F puede ser un gran día. No tanto para los jueces como para los ciudadanos que hace tiempo perdieron su fe en ellos.

2 Comentarios

  1. no hay derecho que justifique el abandono politico-presupuestario al que el gobierno los tiene sometidos perjudicando a su vez el interes publico general. un saludo don jose antonio

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